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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 148

Josefina lo miró sin pestañear.

—¿Y por eso pisoteas lo que siento por ti? ¿Te da igual lo que yo piense, creyendo que por más porquerías que hagas te voy a perdonar?

A Benjamín se le cortó la respiración.

—Jose, no fue mi intención decir eso.

—Pero eso es lo que haces. —Josefina sonrió con evidente amargura—. Benjamín, es verdad que antes me importabas mucho. Me engañaba a mí misma, pero ya no me importas y no pienso seguir contigo. Podrás usar todos tus trucos para impedirme el divorcio, pero mientras tenga un hilo de vida, jamás voy a desistir.

Se zafó de su agarre con fuerza y salió a toda prisa de la cafetería.

Benjamín se quedó mirando su espalda, frunciendo profundamente el ceño.

En ese instante, su celular volvió a sonar. Era una llamada de los empleados de Residencial Valle Niebla.

—Patrón, el niño Alberto está llorando y pide verlo.

—Voy para allá ahora mismo —respondió Benjamín.

Alberto se había llevado un buen susto la noche anterior y en la madrugada le había dado fiebre. Benjamín se había quedado velándolo toda la noche hasta que por la mañana mejoró un poco.

Al volver a Residencial Valle Niebla, vio a Magdalena todavía en la entrada. Estaba hecha bolita, encogida por el frío y con la vista en el suelo.

Él frunció el ceño y le dijo:

—Magdalena, ¿qué necesidad tienes de hacer esto?

Magdalena levantó la vista, con el rostro completamente pálido.

—Benjamín, quiero ver a mi hijo. No puedes quitarme a mi bebé.

Pero Benjamín la cortó en seco:

—Esa no es mi intención, pero es obvio que no sabes cuidarlo.

—¡Claro que sé cuidarlo! —Magdalena rompió en llanto—. Lo de anoche solo fue un accidente. Tienes que creerme, te juro que voy a cuidarlo muy bien, pero por favor, no me lo quites.

Benjamín, sin embargo, no tenía ganas de escucharla.

A Alberto le habían pasado cosas malas una y otra vez, así que su paciencia con Magdalena había llegado a su límite.

—¡Benjamín!

Le gritó Magdalena con profunda tristeza, viéndolo alejarse de espaldas.

Se mordió el labio. Al final, se puso de pie con dificultad, tambaleándose un poco al caminar, y se dirigió directo hacia la casa principal de los Gutiérrez.

***

—¡Tío!

Al ver a Benjamín, Alberto levantó de inmediato los bracitos hacia él.

Benjamín lo cargó y le preguntó:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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