Josefina parpadeó un par de veces, ahuyentando las ganas de llorar.
En ese momento, su celular vibró; había llegado un nuevo correo a su bandeja de entrada. Al abrirlo, los ojos de Josefina se abrieron de par en par, llenos de incredulidad.-
Había decenas de fotografías, y en absolutamente todas salía Benjamín acompañando a Magdalena.
Cuando a Magdalena apenas se le empezaba a notar la panza, él ya la había acompañado a la clínica de maternidad.
Cuando el vientre de Magdalena empezó a crecer más y más, se le veía caminando junto a ella por el parque...
Y el día que Magdalena dio a luz, él estaba ahí, haciendo guardia afuera del cuarto del hospital.
Debajo de cada foto venía la fecha, todas del mismo año en que había nacido el bebé.
Ese fue el año en que él empezó con sus constantes "viajes de negocios", y no se trataba solo de acompañarla el día del parto.
¡Resultaba que se la había pasado a su lado durante todo el maldito embarazo!
Y ahora, en ese mismísimo instante, el tipo seguía acostado junto a ella, sujetándola con firmeza de la cintura.
Un dolor punzante le invadió el pecho, apoderándose de ella antes de que se diera cuenta; las lágrimas que apenas y había logrado reprimir comenzaron a desbordarse.
Llevaban juntos ocho años de su vida. ¿Alguna vez la había amado de verdad?
Josefina se incorporó de golpe, levantó la mano y le asestó una tremenda bofetada a Benjamín.
Benjamín despertó del sopetón a causa del dolor, y justo cuando estaba a punto de estallar de coraje, se percató de sus lágrimas.
—Jose.
A Benjamín se le encogió el corazón; se sentó en la cama y la agarró por los hombros—.
¿Qué pasó? ¿Tuviste una pesadilla?
—Benjamín, hay que ir a firmar el acta de divorcio.
Ella bajó la mirada y se hizo para atrás, esquivando las manos del hombre.
Benjamín suavizó aún más su tono de voz:
—Jose, pero ¿qué fue lo que pasó? ¿Por qué de repente te agarraron las ganas de divorciarte? ¿No estábamos de maravilla?


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