Los rasgos de Benjamín lucían severos, y sus pupilas oscuras brillaban con un destello frío e incisivo.
—Jose, si te divorcias de mí, más te vale no arrepentirte —le advirtió en voz baja.-
A Josefina le tembló la mirada por un instante, pero se mantuvo firme.
—Solo firma.
¿Cómo iba a arrepentirse?
¿Acaso pretendía que ella se quedara cada noche esperando a que él regresara de estar con ese par?
Ella no era tan comprensiva.
Al contrario, era bastante rencorosa.
Precisamente porque lo amaba es que se había aguantado durante tanto tiempo. Aguantó por dos años y consideraba que ya había demostrado bastante buena voluntad de su parte.
Sin embargo, él había tratado sus sentimientos genuinos como basura y los había tirado a un lado sin darles la más mínima importancia.
Así que ya no le iba a dar ni un gramo más de su corazón.
Se quedó viendo a Benjamín estampar la firma; su mano de nudillos marcados sostenía una pluma con la que garabateó su nombre de prisa. Josefina se adelantó de inmediato para llevarse el papel.
—Nos vemos mañana en el registro civil. Sin falta.
Ella dio media vuelta y salió.
Alberto seguía llorando en voz bajita. Benjamín bajó la mirada para verlo y le dijo:
—Alberto, los niños que lloran no son hombrecitos valientes, porque los valientes pueden ganarle al lobo feroz.
A pesar de que sus ojitos seguían llenos de lágrimas, Alberto se aguantó los sollozos al escucharlo, y respondió:
—Yo quiero ser un valiente y ganarle al lobo feroz.
—Muy bien, así se habla.
Benjamín forzó una sonrisa y lo felicitó, aunque la expresión de sus ojos delataba que no lo sentía.
Magdalena, reprochándose a sí misma, intervino:
—Todo es mi culpa, lo hice todo mal. Entré en pánico cuando Alberto empezó con fiebre y ya no supe qué hacer, y ahora Jose te pidió el divorcio. ¡Ve a buscarla rápido, Benjamín! Yo me quedo con Alberto.
—No es necesario —replicó Benjamín.
Luego añadió con un tono lúgubre—: Se pasó de la raya al enojarse así con un niño chiquito. Esta vez le va a servir de lección para que aprenda.
Al despertar a la mañana siguiente, sintió un peso tremendo en la cintura. Un aroma fresco y agradable envolvía sus sentidos, y a sus espaldas sentía el cuerpo cálido de un hombre.
Se tensó por completo, y al darse la vuelta, vio a Benjamín durmiendo plácidamente junto a ella. No tenía idea de a qué hora había regresado.
La tenía abrazada, adoptando una postura de lo más íntima.
¡Y eso que la noche anterior apenas y habían firmado el divorcio!
Josefina apretó los labios mientras observaba su hermoso rostro profundamente dormido. Precisamente de él se había enamorado a primera vista años atrás.
Más adelante, ella le salvó la vida durante un terremoto, y a partir de ahí comenzaron a interactuar muchísimo más. Cuando entraron a la misma universidad, él se le declaró, diciéndole que quería pasar el resto de su vida a su lado.
En aquel entonces, ella se rio de él por ser tan bobo.
¿Quién, apenas empezando a salir, te prometía amarte toda la vida?
A pesar de ello, se emocionó como loca, empezó a andar con él y se casaron nomás salir de la universidad. De verdad llegó a creer que estarían juntos hasta el fin de sus días.
Pero ahora, su corazón ya no le pertenecía a ella; ya había sido ocupado por aquel par de madre e hijo.
Ella era sumamente egoísta en esas cuestiones; puesto que había otras personas que pesaban más que ella en su corazón, mejor lo mandaba a volar de una vez por todas.

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