Josefina estaba a punto de salir de la casa cuando escuchó los gritos a sus espaldas. Se quedó paralizada por un segundo; al voltear y ver la escena, su rostro se puso pálido como el papel.
En el hospital.
El característico olor a desinfectante lo impregnaba todo. El ambiente dentro de la habitación era pesado.
Tras hacerle varios estudios y vendarle la herida, el médico confirmó que no era nada grave, solo una leve conmoción cerebral.
Jimena dormía, viéndose muy frágil.
La puerta se abrió de golpe y Magdalena entró a toda prisa. Traía puesto un cubrebocas, pero ni eso lograba ocultar su angustia: —Papá, ¿cómo está mi mamá?
—Está bien, no fue nada grave —Andrés tenía el semblante adusto—. Oye, ¿y por qué traes eso puesto? ¿Estás enferma?
Magdalena miró de reojo a Josefina por puro instinto, y luego negó con la cabeza antes de corregirse: —Este... sí, ando un poco agripada.
Pero Andrés no pasó por alto ese disimulado cruce de miradas.
De inmediato le exigió: —Quítate el cubrebocas, déjame verte.
—No, papá, de verdad me siento mal —Magdalena sacudió la cabeza con fuerza—. Mi mamá ahorita está muy débil, ¡no manches!, no la vaya a contagiar.
—Que te lo quites.
La expresión de Andrés se endureció aún más.
Al verse acorralada, Magdalena no tuvo más remedio que quitarse la mascarilla.
Se pudo notar que tenía la mejilla un tanto roja e hinchada; aunque ya se le había bajado bastante en comparación a la mañana, a simple vista era obvio que alguien le había pegado.
—¿Fuiste tú? —Andrés fulminó a Josefina con la mirada.
—Pues sí.
Josefina lo admitió sin ningún pudor: —¿Te parece que quedó asimétrica? Si quieres le doy en el otro cachete para que se le empareje.
—¡Tú...!
Andrés estuvo a punto de estallar de rabia, pero al recordar que Jimena seguía inconsciente, tuvo que tragarse el coraje.
¿Y si se hacía una prueba de ADN?
Mientras su mente divagaba, la puerta se abrió una vez más, dejando paso a la figura imponente de Benjamín.
Sus ojos buscaron de inmediato el rostro de Josefina. Al ver que ella estaba bien, su semblante tenso se relajó un poco.
Acto seguido, se dirigió a Andrés: —Don Andrés, ¿qué fue lo que pasó?
—Todo por culpa de ella. ¡Ay, Dios mío...! —Andrés suspiró, señalando a Josefina.
Benjamín frunció el ceño. Sorprendentemente, esta vez no le dio por su lado, sino que se volteó hacia Magdalena y le soltó: —Magdalena, ¿qué les fuiste a contar ahora?
Al escuchar eso, Magdalena sintió que se le revolvía el estómago: —Yo... yo acabo de llegar, ¿qué les iba a decir? Benjamín, ¿crees que yo vine a meter cizaña entre Jose y mis papás?
—Curiosamente, cada que le echan la culpa a ella de algo, tú estás presente —la expresión del rostro de Benjamín se mantuvo impasible—. Es muy difícil no sospechar.
—Benjamín, te juro que te estás haciendo ideas equivocadas —Magdalena adoptó su pose de víctima al instante.
—Benjamín, la estás juzgando mal —intervino Andrés con voz grave—. Solo mírale la cara a Magda, la golpeó y ya hasta lo aceptó.

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