El médico no tardó en irse y la habitación volvió a quedar en silencio. La anciana estaba sentada en la cama sin decir una sola palabra; la luz iluminaba su rostro, dándole un aspecto pálido y agotado.
Josefina reprimió a la fuerza la tristeza que sentía en el pecho, se acercó a ella y le dijo: "Abuelita, ¿no ibas a descansar? Acuéstate, por favor."
Durante la fase de desintoxicación, el cuerpo de una persona mayor queda muy débil y requiere mucho reposo.
La anciana se quedó ausente por un par de segundos antes de asentir: "Ah, sí. Tengo sueño, ya me voy a dormir."
Josefina la ayudó a recostarse y la arropó con cuidado. Al ver cómo cerraba los ojos, casi no pudo ocultar el profundo dolor y la rabia que brillaban en su mirada.
Dio media vuelta y salió de la habitación. Benjamín salió detrás de ella.
La joven respiró hondo y luego lo miró a los ojos. "Quiero que el Grupo León se vaya a la quiebra."
Benjamín la rodeó por los hombros. "Está bien."
El cuerpo de Josefina se tensó un poco, pero no lo apartó.
Entonces, él la hizo girar suavemente, apoyando el rostro de ella contra su pecho. Con su mano grande, le acarició la nuca con ternura y murmuró: "Llora si quieres hacerlo."
¡Josefina apretó las manos en puños!
¡Estaba a punto de lograr contenerse!
Pero con solo escuchar sus palabras, la represa de emociones que tanto le había costado contener colapsó por completo. Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas sin control, como si fueran un collar de perlas roto. Se mordió los labios con fuerza, dejando escapar apenas unos ligeros sollozos ahogados solo cuando la emoción se volvía inmanejable.
Era un llanto que destrozaba el corazón de quien lo escuchara.
La nuez en la garganta de Benjamín subió y bajó con pesadez. "Jose, puedes llorar a gritos, no te contengas."
Josefina no le hizo caso. Mantuvo los ojos cerrados, completamente envuelta por el aroma de él. Dejó salir un poco más de su dolor y luego lo empujó suavemente para separarse.
Benjamín no tenía muchas ganas de soltarla.
Si fuera por él, la habría mantenido abrazada para siempre.
La soltó y ella de inmediato se secó el rostro con la mano. "Me quedaré aquí esta noche acompañando a mi abuela. Deberías volver."
Por el llanto reciente, su voz sonaba apagada y tenía los bordes de los ojos muy rojos; sin embargo, su mirada, lavada por las lágrimas, lucía increíblemente cristalina.

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