Benjamín empezó a frustrarse de nuevo. En una situación tan tensa como esta, ¿qué sentido tenía seguir en una guerra fría con ella?
Ya no había lugar para él en su corazón.
Por eso, no importaba lo que él hiciera, a ella le daría igual.
Esa era la razón por la que hoy había regresado inusualmente temprano.
Con su mirada profunda y oscura fija en el rostro sonriente de ella, sintió un leve temblor en el pecho.
Caminó directamente hacia donde estaba. En cuanto ella lo vio, la sonrisa desapareció de sus labios de inmediato.
¿Tanto detestaba verlo?
Una sofocante punzada de enojo surgió desde lo más profundo de su ser. Benjamín la tomó de la muñeca bruscamente.
Josefina frunció sus delicadas cejas. "¿Qué haces?"
Lo miraba a la defensiva.
Como si él fuera una bestia salvaje a punto de atacarla.
Benjamín bajó un poco la mirada y dijo con frialdad: "Ya hay noticias sobre ese asunto."
Josefina dejó de forcejear al instante. Luego, él tiró de ella y la arrastró hacia el interior de la casa.
Luisa, que estaba parada a un lado, seguía con la mirada la imponente figura de Benjamín. Había querido saludarlo, pero él ni siquiera notó su presencia.
Desde el primer segundo, toda su atención había estado puesta exclusivamente en Josefina.
Con una profunda decepción, Luisa bajó la mirada y se mordió el labio inferior.
La abuela los vio alejarse y preguntó: "¿A dónde van con tanta prisa?"
Luisa respondió: "El Sr. Gutiérrez y Josefina tienen cosas de qué hablar. Abuela, ¿damos otro paseo por el jardín?"
Pasaron unos segundos antes de que la anciana negara con la cabeza. "No, ya me cansé. Por cierto, ¿tienes tu celular a la mano? ¿Me lo prestas un momento?"
"¡Mhhm!"
Tomada por sorpresa ante la agresividad del ataque, Josefina soltó un gemido ahogado y, por puro instinto, intentó empujarlo.
Pero Benjamín fue más rápido. Con una sola mano apresó ambas muñecas de la joven y las inmovilizó en su espalda. Esa postura hizo que sus cuerpos quedaran peligrosamente pegados. Con la mano libre, él sujetó su nuca mientras la aprisionaba con su gran tamaño, dejándola completamente indefensa y sin margen para escapar.
El beso se volvió cada vez más acelerado y exigente, como si quisiera devorarla entera. Una sensación de asfixia no tardó en invadirla, y por la falta de aire, un par de lágrimas asomaron en los hermosos ojos de Josefina.
Solo entonces, Benjamín desvió su atención y bajó sus besos hacia sus mejillas, su cuello...
La respiración de ella era un desastre, rápida y entrecortada. Con la voz temblorosa por el impacto, le reclamó: "Benjamín, ¡¿qué locura te pasa?!"
Sin embargo, el hombre la ignoró y continuó besándola, dejando marcas posesivas a lo largo de su delicada piel de porcelana.
Su boca bajó hasta el punto exacto donde latía el corazón de la joven. Exhaló pesadamente allí, irradiando un calor que hizo que el cuerpo de ella temblara por completo.
"¿No me dijiste que tenías pistas sobre ese asunto? ¡¿Qué fue exactamente lo que descubriste?!" preguntó Josefina desesperada, tratando de hacerlo razonar.

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