Benjamín empezó a frustrarse de nuevo. En una situación tan tensa como esta, ¿qué sentido tenía seguir en una guerra fría con ella?
Ya no había lugar para él en su corazón.
Por eso, no importaba lo que él hiciera, a ella le daría igual.
Esa era la razón por la que hoy había regresado inusualmente temprano.
Con su mirada profunda y oscura fija en el rostro sonriente de ella, sintió un leve temblor en el pecho.
Caminó directamente hacia donde estaba. En cuanto ella lo vio, la sonrisa desapareció de sus labios de inmediato.
¿Tanto detestaba verlo?
Una sofocante punzada de enojo surgió desde lo más profundo de su ser. Benjamín la tomó de la muñeca bruscamente.
Josefina frunció sus delicadas cejas. "¿Qué haces?"
Lo miraba a la defensiva.
Como si él fuera una bestia salvaje a punto de atacarla.
Benjamín bajó un poco la mirada y dijo con frialdad: "Ya hay noticias sobre ese asunto."
Josefina dejó de forcejear al instante. Luego, él tiró de ella y la arrastró hacia el interior de la casa.
Luisa, que estaba parada a un lado, seguía con la mirada la imponente figura de Benjamín. Había querido saludarlo, pero él ni siquiera notó su presencia.
Desde el primer segundo, toda su atención había estado puesta exclusivamente en Josefina.
Con una profunda decepción, Luisa bajó la mirada y se mordió el labio inferior.
La abuela los vio alejarse y preguntó: "¿A dónde van con tanta prisa?"
Luisa respondió: "El Sr. Gutiérrez y Josefina tienen cosas de qué hablar. Abuela, ¿damos otro paseo por el jardín?"
Pasaron unos segundos antes de que la anciana negara con la cabeza. "No, ya me cansé. Por cierto, ¿tienes tu celular a la mano? ¿Me lo prestas un momento?"

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