Apenas Benjamín salió de la ducha, escuchó el tono de su celular resonando desde el suelo.
Caminó hacia él y lo recogió. Era una llamada desde la otra casa.
"¿Bueno?"
La voz de la niñera sonó llena de respeto: "Señor Benjamín, el niño Alberto lo extraña mucho y quiere que lo acompañe a cenar."
Benjamín revisó la hora y asintió. "Está bien, voy para allá."
Se vistió y bajó directamente al estacionamiento para marcharse del Residencial Valle Niebla.
Luisa, al verlo salir, se volvió hacia Josefina y le preguntó: "Josefina, ¿el Sr. Gutiérrez no se quedará a cenar con nosotras?"
Sin siquiera levantar la vista de lo que estaba haciendo, Josefina respondió con indiferencia: "Tendrá algo que hacer. Nosotras no tenemos por qué meternos en sus asuntos."
Luisa asintió en silencio. "De acuerdo."
Se dirigió a ayudar a la abuela para que fuera al comedor.
La mirada de la anciana seguía pareciendo un poco perdida, pero después de procesar todo por un par de segundos, pareció volver a la realidad.
Al ver el rostro notablemente sonrosado de Josefina, la abuela soltó una pequeña sonrisa y le preguntó: "Jose, ¿ya no te vas a divorciar?"
Josefina se quedó de piedra y negó rápidamente con la cabeza. "Claro que me voy a divorciar. ¿Por qué lo pregunta?"
Pero la abuela replicó con naturalidad: "Es que los veo actuar como recién casados... Para nada parecen un matrimonio al borde del divorcio."
Josefina tardó un segundo en entender a qué se refería su abuela. En su mente maldijo a Benjamín por ser un animal, pero por fuera mantuvo una expresión serena y le dijo: "Solo es una actuación para mantener las apariencias, abuela. No piense cosas que no son."
La anciana pareció dudar un momento, pero terminó asintiendo. "Está bien, no me haré más ideas. Definitivamente ya no entiendo lo que pasa por la cabeza de los jóvenes de hoy en día."
Sintiendo una punzada de incomodidad, Josefina decidió guardar silencio.
Luisa la miró de reojo y, con su vista aguda, notó una pequeña marca rojiza asomándose apenas en el borde del cuello de su camisa.
Eso era... ¿un chupetón?
Entonces, ¿toda la tarde que pasaron encerrados en la habitación estuvieron haciendo eso?
Las mejillas de Luisa se tiñeron de rojo, y un fuerte sentimiento de tristeza la invadió. Bajó la mirada, esforzándose por ocultar sus verdaderas emociones.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte
Alguna forma de leer gratis?????...