El mayordomo de los Gutiérrez, al ver que la situación se salía de control, les pidió amablemente a los invitados que se retiraran.
Cuando Helena se enteró del asunto, casi le da un infarto del susto.
Alguien la llevó empujando su silla de ruedas hasta ahí.
—¿Cómo está mi bisnieto hermoso?
—Ya lo llevaron al hospital, señora Helena. Por favor, no se angustie. Alguien alcanzó a atrapar al niño, estará bien —respondió el mayordomo de inmediato.
Helena levantó un dedo tembloroso para señalar a Josefina.
—¡Eres una mujer de lo peor!
Benjamín entró a zancadas. Ya le habían contado lo que acababa de pasar, y al ver que todos miraban a Josefina con repudio y frialdad, se plantó directamente frente a ella para protegerla.
—¿Quién dijo que la vio patearlo?
Barrió la sala con su mirada penetrante. De inmediato, todos los presentes sintieron una pesada tensión en el ambiente.
La empleada que había hablado antes dio un paso al frente y tartamudeó:
—Y-yo estaba abajo de las escaleras hace rato, y me pareció ver que la señora Josefina pateaba al niño...
—¿Te pareció? —Benjamín frunció el ceño con severidad, desprendiendo un aura imponente. Una presión helada cayó sobre la empleada—. Si no estás segura de algo, ¿cómo te atreves a abrir la boca para inventar chismes?
La empleada comenzó a temblar de miedo.
—Y-yo...
Sin embargo, Helena intervino:
—Si no fue ella, ¿quién más pudo ser? Ya ves el desastre que ha estado armando últimamente. Benjamín, ¡¿cómo puedes seguir defendiéndola?!
El atractivo rostro de Benjamín reflejaba pura frialdad.
—Porque la conozco. Ella simplemente no es esa clase de persona.
Magdalena no paraba de llorar.
—Benjamín, es que ella siempre ha malinterpretado nuestra relación.
Benjamín clavó su mirada afilada en ella.
—Si tu hijo está herido, ¿qué haces todavía aquí?
Magdalena se quedó paralizada. ¡Jamás se imaginó que él le respondería así!
¿Qué no quería muchísimo a Alberto?


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