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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 53

—¡Miren nada más, ya lo admitió! Qué mujer tan despiadada. Alguien así definitivamente no merece ser la nuera de los Gutiérrez. ¡Benjamín, tienes que divorciarte de ella!

Helena, que escuchaba desde su silla, señaló a Josefina con un dedo tembloroso, con la mirada desbordando furia y repugnancia.

El rostro de Andrés cambió por completo. Se dirigió a Helena con tono conciliador:

—Señora Helena, no haga corajes, por favor. Esta muchacha fue muy malcriada por nosotros y se le pasó la mano. Voy a hacer que le pida perdón a Magda y me encargaré de ponerla en su lugar. A los dos les costó mucho trabajo estar juntos, no pueden divorciarse nomás porque sí.

Helena soltó una risa desdeñosa.

—Qué curioso, siendo ambas hijas criadas por los León... una es dulce, educada y elegante, mientras que la otra es prepotente y tiene un corazón tan negro.

Andrés palideció aún más al recibir semejante humillación, pero frente a Helena no podía decir nada para defenderse.

¡Porque Josefina ya había confesado todo por su propia cuenta!

Fulminó a Josefina con la mirada.

—¡Eres el colmo! ¿Cómo fuiste capaz de hacer una barbaridad así? ¡Ven para acá de inmediato y pídele perdón a la señora Helena!

—¡Ya basta!

Con todo el mundo gritando, a Benjamín le retumbaba la cabeza. Soltó un rugido potente y la sala enmudeció al instante.

Sujetó a Josefina por los hombros con ambas manos, apretando con fuerza. Al ver su rostro sin expresión, pasó saliva y le habló con la voz áspera:

—Jose, deja de hacer locuras. Esto no lo hiciste tú. Te conozco.

Josefina apartó sus manos y dio un paso hacia atrás.

—Sí fui yo. Te lo advertí desde antes: si no me das el divorcio, no me voy a tocar el corazón cada vez que vea a esa madrecita y a su hijo.

Su mirada vaciló ligeramente, mientras luchaba con todas sus fuerzas para contener el llanto.

Desde niña nunca había dejado que nadie la pisoteara. Pero con él, había cedido y aguantado desplantes una y otra vez.

Y ahora, incluso estaba dispuesta a cargar con las culpas de algo que no hizo, todo con tal de separarse de él definitivamente.

Él la conocía bien, de seguro intuía sus intenciones.

Entonces, ¿qué decidiría hacer él?

Ahora, toda la presión caía sobre sus hombros.

Benjamín apretó la mandíbula y sus ojos se tornaron inyectados de rabia. Volteó hacia el mayordomo y gritó a todo pulmón:

—¡Vayan a revisar las cámaras, ahora mismo!

Capítulo 53 1

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