Amigos para esto. Jason. Miré a mi jefe advirtiéndole con la mirada que no estaba para juegos, no era la primera vez que el abuelo Miller, se metía en una encerrona para casarme, desde que conocí a Norman, había sido como un abuelo para mí, llevamos casi toda la vida juntos, desde el colegio, mi manera de eludir los problemas que había en casa, con las discusiones de mis padres, pasaba por pasarme los días en la mansión Miller, total mis padres apenas se daba cuenta que yo estaba allí, si no era para usarme de arma, para sus disputas . Yo provengo de una familia no excesivamente rica, pero sí, de grandes ingresos, por eso podía asistir a los mejores colegios para futuros herederos de grandes compañías, mis padres pretendían que yo me codeara con lo mejor de Nueva York. Allí fue donde conocí a Norman, mientras me defendía de unos chicos que me acosaban, por no ser tan rico como ellos. Yo odiaba la violencia, debido a las grandes discusiones que había en mi casa, evitaba los conflictos a toda costa, esto, en el colegio, era una señal de debilidad, para los matones hijos de papá aburridos en colegio, me usaban para sus "juegos" y así "divertirse". No era un niño bajito, ni delgaducho, tenía una complexión fuerte y alta, pero no me sabia defender, hasta que el día que Norman le dio una paliza a todos los que me acosaban y me dijo que a partir de ese día yo debía aprender a defenderme que ningún amigo de él podía ir por ahí recibiendo palizas o siendo intimidado, me obligó a tomar clases de judo, karate, y defensa personal, mientras él asistía a las clases conmigo, las clases las impartía su maestro de artes marciales, en su casa. Por eso la mansión de Norman Miller se convirtió en mi hogar y su abuelo, en él mío, de echo el señor Miller senior, no permitía que yo lo tratara de usted, siempre quería que lo llamara abuelo. Fue así como pasamos a ser, no sólo amigos, sino presidente y asistente, todo gracias a la colaboración del abuelo, que, tras hablar con mis padres, se ofreció a financiar mi carrera universitaria. Cuando fui a la universidad, para prepararme para ser la mano derecha del heredero del Grupo Miller, Norman, fue a la misma universidad, pese a que podía optar a otras de mayor prestigio, siempre aludió que esa universidad era la mejor en empresariales y comercio internacional, pero yo supe que lo hizo por estar a mi lado. Fue en ese momento, donde le juré serle leal el resto de mi vida, siempre le ayudaría a llegar a lo más grande y obtener todo lo que quisiera, aunque tuviera que sacrificar mi vida para ello. Algo me decía, que, si mi "mal" amigo Miller, se empeñaba en cumplir la orden de su abuelo, esa promesa que le hice iba a ser los clavos que cerrarían mi ataúd. Decidí que hablaría con mi amigo sobre esto, cuando no estuviera bajo la influencia ni de su esposa ni de su abuelo. En ese momento decidí mirar a la única persona que podría salvarme de tener que cumplir con mis promesas por ser la única no sometida a la influencia Miller. La cara de Kimberly era todo un poema miraba a su amiga como si fuera un alíen recién aterrizado en La Tierra. Se levantó del sillón con los bebes en los brazos, se dirigió a mí y dejó a Ailan en mis brazos, todo esto sin mirarme a la cara, ya que en todo momento no le quitaba la vista de encima a su supuesta mejor amiga, cosa que yo entendí, ya que de todas las cosas horribles que mi mejor amigo, me ha hecho hacer bajo nuestra promesa de fidelidad, esta era la peor. Luego se dirigió a Norman y le entregó a su hijo, los tres Miller miraron a la pelirroja con la misma expresión de auto suficiencia, mientras Kimberly agarraba a su amiga del brazo y tras dar una excusa, la arrastró fuera de la sala. Miré a los tres, y tenían esa cara de querer saber que era lo que estaba sucediendo, pero sin querer demostrarlo. Era como ver a una misma persona en distintas etapas de su vida. Cuando eran bebe, cuando era un hombre adulto y finalmente cuando era un anciano. -" No sé lo que pensaras tú, Ailan pero como no controles a tu hermano mayor, va a ser igual de controlador que tu papá y tu abuelo, y no sé si con el carácter que heredaste de tu madre, se los vas a permitir a los tres. "- le dije en alto, para que lo oyeran los tres. Roy me miro, como intrigado por saber que le decía a su hermana, y me sonrió, y el abuelo se hizo el que no sabía de lo que hablaba. En cambio, mi jefe puso esa cara que dejaba claro que, por menos, había destruido las vidas a más de un enemigo. Y en eso no mentía, ya que yo fui su brazo ejecutor. -" ¡Deja de darle ideas a mi hija, ya tiene suficientes de su madre!"- me dijo serio, mientras el abuelo no podía evitar soltar una carcajada. -" Lo ves princesa ese el problema de papá, no sabe cómo decir las cosas sin ser arrogante, menos mal que mamá y tu saben bajarlo a la tierra, más Miller arrogantes, y se acaba la descendencia, ¿No crees Roy William?"- mi sobrino me miro encantado, con gorgojeos y gritos de felicidad me indicaba que me acercara a él y mediante gestos con su bracitos me pidió que lo cogiera de los brazos de su padre. -" Ves Norman, hasta el futuro presidente de Miller Holding, se apiada de tu asistente"- le dije cogiendo a Roy con mi otro brazo izquierdo, ya que tenía cogida la princesa Miller con mi brazo derecho. -" No te preocupes, mis dos hijos tienen claro, quien es su padre y lo aceptan como es, verdad niños"- le dijo Norman acariciando a sus hijos en la cabeza con sus manos. Ambos soltaron un grito de felicidad y se rieron a carcajadas al sentir las manos de su padre en su cabecita. -" Seguro, ahora dejare que los niños se vayan con sus nanys a cenar y tú y yo tendremos una conversación, mal amigo. Ya mañana te vengaras en el trabajo. La conversación será con el tratamiento completo, Norman metomentodo Miller"- le dije dando a los bebes a las nanys que habían ido a recogerlos para bañarlos y darles la cena, antes de dormir. Normalmente se ocupaba de ello la señora Miller, pero seguramente una sirena pelirroja la estaría matando en este momento, así que era comprensible que no apareciera. -" Pero nada de golpes en el bajo vientre, no quiero que Yvaine se me enfade, porque le hiciste daño a una parte que ella adora."- me dijo sonriendo irónico. El abuelo nos miró y puso los ojos en blanco, después murmuró algo, de lo infantiles que éramos y de que no habíamos cambiado, desde nuestra adolescencia. Sin más se levantó del sillón, para irse tras las nanys, a ayudar a alistar a los bebes para su cena, al viejo Miller le encantaba pasar tiempo con sus bisnietos, y supervisar que fueran tratados con el respeto y eficacia que un heredero de su familia se merecía. -" ¿Y no se quejará de que te golpee esa cara de ejecutivo, manipulador y frio que tienes? "- le pregunté irónico, siguiéndole al gimnasio de la Mansión Miller. -" Como si fuera posible que me golpearas la cara, asistente Blake."- se rio mi jefe a carcajadas, quitándose la camisa y la chaqueta del traje Armani, cuando llegamos a nuestro destino. Yo lo imitaba, quitándome la ropa y quedándome tan solo con el pantalón del traje, no era la primera vez que, tras estar frustrado, por cualquier causa, tanto Norman como yo, terminábamos en el gimnasio de la compañía o en el de la mansión, haciendo terapia des estresante golpeando al otro. En el último año, fue Norman quien me solicitó, en más de una ocasión, ir a nuestra terapia, debido a la aparición en su vida de la escurridiza e ídolo mío, señorita Stewart, actual señora Miller, ya que, tras sólo una noche de placer, logro del mundo,

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La noche que te convertiste en la madre de mis hijos.