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La novia Rechazada romance Capítulo 22

Siento cómo la ira y el asco me invaden por completo. Sin poder evitarlo, le estampo una cachetada con fuerza en el rostro.

—Eres una escoria. Nunca vuelvas a intentar tocarme. Entiende que te odio y te desprecio con todo mi corazón —le grito. Alzo la mirada y veo a Arlette descendiendo por las escaleras.

—Mírala a ella, Alexander. Es a quien debes decirle que cumpla con los deberes de una esposa, no a mí —digo con desprecio antes de darme la vuelta y salir por la puerta, dejándolo furioso en su sitio.

Al salir de la mansión, veo un auto conocido aparcado a un lado de la carretera: un Ferrari rojo. De inmediato supe de quién se trataba. Erick Colleman. Me sorprendo bastante al verlo. Mi intención era regresar dentro de la mansión, pero mi plan se ve frustrado cuando él baja del auto y me mira.

—Aslin, te estaba esperando. Supe que saliste de la cárcel. Por favor, ven conmigo —me dice con una cálida sonrisa.

—Erick, me sorprende verte aquí —le digo, algo desorientada. La verdad, no quería ir con él. Si Alexander se enteraba, sin duda le causaría problemas. Pero al ver la mirada de súplica en su rostro, no pude negarme. Además, le debía una disculpa. Así que, sin más, subo a su auto, y este de inmediato se pone en marcha. Pasamos todo el camino en completo silencio hasta que llegamos a un café. Erick sale del auto y abre mi puerta como todo un caballero.

Al entrar en el café, nos sentamos en una de las mesas mientras él pide dos cafés.

—Aslin, qué bueno verte. Te he extrañado bastante —me dice con una expresión que deja mucho que decir.

—Erick, te agradezco mucho que te hayas preocupado por mí todo este tiempo. Quiero aprovechar para decirte que lamento todos los problemas que te he causado —le digo, sintiéndome impotente.

—No digas eso, no es tu culpa. En verdad me sorprendí cuando me enteré de que eras la esposa de Alexander Líbano. Verónica me ha puesto al tanto de todo lo que ese infeliz te hizo —dice, apretando sus manos en puños por la ira.

—Sí, Erick. Sé que por mi culpa tu empresa se vino abajo. Era el sueño de toda tu vida y que lo hayas perdido por mí me hace sentir terrible —digo con tristeza.

—No lo estés, Aslin. Esto no es tu culpa. Si bien me afectó bastante, estoy bien ahora. Soy el CEO de Buena Marc —me dice, agarrando mis manos, lo que me sorprende demasiado.

—Aslin, quédate conmigo. Prometo que te protegeré de ese desgraciado. No dejaré que te haga daño. Tengo el suficiente poder para luchar contra él. Me enamoré de ti desde el primer día —me dice con ojos llenos de amor.

Al escuchar su propuesta, aparto mi mano de inmediato.

—Erick, lo siento mucho. Agradezco tus sentimientos, pero yo no puedo amar a nadie. Estoy demasiado rota —le digo, con lágrimas en los ojos.

—Yo te ayudaré a sanar. Te reconstruiré nuevamente. Serás feliz otra vez, Aslin —me dice, impaciente.

Le doy instrucciones al chofer y este se pone en marcha, dejándome en la entrada del cementerio.

—Señorita, ¿está segura de que desea quedarse aquí? No se ve nada bien. ¿Quiere que la lleve al hospital? —me pregunta el conductor, preocupado.

—No, muchas gracias. Estoy bien, solo es un pequeño resfriado —miento.

El taxista asiente y yo salgo del auto, encaminándome al cementerio. Al entrar, diviso el mausoleo de la familia Líbano. Rápidamente entro y veo la tumba de la señora Zara. Me arrodillo mientras intensas lágrimas corren por mi rostro.

“Vieja señora Líbano, perdóneme por no haber venido antes. No esté molesta conmigo. Es solo que he tenido demasiados problemas. Me duele el corazón de verla ahí dentro, en esa tumba vacía y fría. La extraño demasiado. Extraño nuestras conversaciones, señora Líbano. Espero que, cuando llegue mi hora, usted me esté esperando”.

El dolor en mi estómago aumenta. Me recuesto en el piso del mausoleo y, al toser violentamente, veo sangre en mi mano. Un grito escapa de mis labios. La oscuridad me invade poco a poco. Antes de perder la conciencia, una figura conocida se acerca a mí. Es alto, imponente y, sobre todo, muy guapo. Veo preocupación y desesperación en sus ojos.

—Aslin, mi vida, ¿qué te pasa? No te mueras, no te vayas. Sin ti, mi vida no tiene sentido —escucho a Alexander decir, mientras sus lágrimas caen sobre mi rostro.

No puedo aguantar más y dejo que la oscuridad me envuelva por completo.

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