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La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 137

Él ordenó demolerla...

Los ojos de Valentina, normalmente grandes y expresivos, parecían dos pozos vacíos. Sus uñas se clavaron en el trozo de madera que aferraba, y su cuerpo comenzó a temblar con violencia, sacudido por escalofríos que le calaban hasta los huesos.

De repente, soltó una carcajada amarga mientras bajaba la mirada. Se reía y negaba con la cabeza al mismo tiempo; su rostro pálido no tenía ni una gota de color. Las lágrimas caían pesadas y chocaban contra la punta de los zapatos de Sebastián.

—Con razón... ya me preguntaba de dónde había sacado Isabela el valor para hacerlo.

Ahora todo tenía sentido.

Un cúmulo de emociones desgarradoras destrozaba su pecho. Sentía cómo su alma se desprendía de su cuerpo; el dolor era insoportable. Ya casi no podía sostenerse en pie. La visión se le oscureció por completo y, finalmente, sus piernas cedieron y se desplomó.

El rostro de Daniel se endureció.

Pero antes de que pudiera sostenerla bien, la mujer que estaba en sus brazos le fue arrebatada y estrechada contra el pecho de Sebastián.

Sebastián miró a la persona que yacía inerte en sus brazos, tan pálida como un fantasma. El hematoma morado en su frente era alarmante. Bajo sus cejas marcadas, sus oscuros ojos revelaban una turbulencia indescifrable.

Apretó la mandíbula, cargó a Valentina en vilo y, sin importarle su pierna lastimada, bajó rápidamente los escalones con grandes zancadas.

Emanaba un aura tan asesina e implacable que nadie a su alrededor se atrevió a acercarse.

Caminaba con urgencia, pisoteando los escombros a su paso.

Daniel sabía que en ese momento la prioridad absoluta era la salud de Valentina y que pelear no ayudaría en nada, pero aun así corrió a interceptarlo.

—Dámela.

La voz de Sebastián era escalofriantemente plana.

—Apártate.

—Venía manejando tan desesperada que tuvo que frenar de golpe y se golpeó la cabeza. Tiene una conmoción cerebral leve —dijo Daniel, sin ceder un centímetro—. ¿Y sabes por qué venía con tanta prisa?

Esas palabras se clavaron en los oídos de Sebastián.

Golpeó la cabeza.

Conmoción cerebral leve.

Capítulo 137 1

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