Cachito no parecía entender mucho de lo que le decían y simplemente se aferró a los dedos de Sebastián.
Sus manitas eran tan pequeñas que dos dedos de su padre le bastaban para llenarlas. Se los llevó a la boca intentando morderlos, pero un tirón suave lo detuvo.
Al no lograr su cometido, levantó la cabecita y miró a Sebastián con sus enormes y redondos ojos, poniendo cara de perrito atropellado.
Sebastián le envolvió las manos regordetas entre las suyas.
—Papá no se ha lavado las manos, están sucias.
Ricardo, adoptando una actitud de tía sobreprotectora, señaló la boca del niño.
—Hoy en la tarde también trató de morderme. El doctor lo revisó y resulta que le están saliendo los dientes, por eso quería usar tus dedos de mordedera.
Dicho esto, sacó un juguete de dentición que había mandado comprar y que Don Alberto ya había esterilizado, poniéndoselo de nuevo en las manos al pequeño.
—Toma, muerde esto.
La mayoría de los niños empiezan a dentar antes de cumplir su primer año, pero debido a su condición de salud, Cachito tenía un desarrollo más lento y recién a sus quince meses le estaban saliendo los dientes.
Sebastián observó cómo el niño masticaba su juguete con entusiasmo. Habiendo crecido en una incubadora, estaba acostumbrado a ver a sus padres por ratos y a no verlos por otros, así que ignoraba por completo lo que estaba ocurriendo y no haría berrinches exigiendo ver a Valentina.
Mejor así.
—¿De verdad dejaste que se fuera? —preguntó Ricardo, aún incrédulo—. ¿Quién se fue con ella?
Con un tono imperturbable, Sebastián respondió:
—Mateo Solís.
Ricardo se quedó de una pieza.
Nunca imaginó que su amigo sería capaz de dejar ir a Valentina, y muchísimo menos que se la entregaría a Mateo Solís.
Quizá otros no se daban cuenta, pero ellos habían crecido juntos. Tal vez no lo conociera mejor que nadie, pero seguro que le ganaba al noventa y nueve por ciento de la población.
Por eso, con solo una mirada, había sabido que Sebastián veía a Mateo como a un claro rival amoroso.
Dejando de lado el pequeño detalle de que a ese tipo le gustaba Valentina, era increíble pensar que el majestuoso segundo heredero de la familia Solís, la estrella de cine más codiciada del momento, anduviera fingiendo ser homosexual como cortina de humo para ocultar sus verdaderos sentimientos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La obsesiva persecución de mi frío marido
Hola habrá actualización?? Porfi ojalá terminen la historía...
Habrá acrualizacion.....