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La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 537

En el edificio principal de Villa Esmeralda, la habitación infantil ya estaba perfectamente instalada desde antes de que Cachito recibiera el alta. Había sido diseñada meticulosamente, separando la zona de juegos, el área de descanso y el rincón de estimulación temprana.

En ese momento, Sebastián estaba sentado en el sofá con el pequeño en brazos, usando ropa de casa: una camiseta blanca y un pantalón negro.

Cachito, recostado sobre su padre, sostenía su biberón y bebía con avidez.

De rato en rato, su nuca se frotaba contra el pecho del hombre a través de la tela; el tono muscular firme pero acogedor parecía resultarle bastante cómodo.

Sebastián posó su gran mano suavemente sobre la cabecita del niño.

—Tómatelo todo, pórtate bien.

Cachito agarró el biberón con ambas manos y le dio un par de tragos largos.

Al escuchar que golpeaban la puerta, dio un respingo y alzó la vista.

Tan pronto vio a Lucas, escupió la tetina del biberón y esbozó una enorme sonrisa.

Lucas se acercó, se acuclilló frente a él y le acarició la cabeza.

—Buen chico.

Llevaba ya un rato de haber llegado de la calle. Se había bañado, cambiado de ropa y lavado las manos con extrema rigurosidad médica antes de atreverse a pisar el edificio principal. Aunque el sistema inmunológico del niño había mejorado muchísimo, todavía era necesario mantener protocolos estrictos.

Sin embargo, no faltaba mucho para que Cachito pudiera llevar una vida completamente normal.

El niño volvió a bajar la cabeza, atrapó su biberón y siguió tomando.

Don Alberto entró despacio desde el pasillo y, con una sonrisa afectuosa, le dijo:

—Vente con Don Alberto. Termina tu lechita y vamos a ver el caballito de madera que te preparé.

Cachito ya llevaba más de dos semanas en Villa Esmeralda y se había encariñado mucho con el mayordomo. Y Don Alberto también lo adoraba.

Por eso, al oír que lo iba a cargar, mordió la tetina del biberón con sus dientecillos recién asomados y levantó los bracitos de inmediato, pidiendo que lo alzaran.

—Señor, voy a llevar al niño abajo —anunció el mayordomo tras levantarlo.

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