Salomón no se atrevió a responder, pero en cuanto colgó, estrelló el celular contra el suelo con furia.
—¡Maldito Facundo Prado! ¿Crees que soy tu perro? Me das órdenes, te limpio todo el desastre y no me tienes ni un gramo de respeto. ¡Y al primer problema, me dejas morir solo!
Salomón apretó los dientes.
—¡Ya estuvo suave! ¡Se acabó eso de seguirte la corriente!
—¡Renuncio!
Tras maldecir y desahogarse, el teléfono sonó de nuevo. Era la gente del Grupo Alfa. Salomón tenía acciones ahí; de lo contrario, no estaría sudando frío.
—Facundo Prado nos dejó a la deriva —les informó con sequedad.
Al escuchar eso, la desesperación del otro lado fue evidente.
—¿Y entonces qué carajos hacemos? ¡Tenemos varias líneas de producción paralizadas y dos pedidos que se entregan esta misma semana!
—¿Acaso son tan imbéciles de no tener inventario de respaldo?
—Nos cayeron demasiados pedidos de golpe. Abastecer todo eso de un solo jalón requiere un dinero que no tenemos, por eso dependíamos de las entregas diarias del proveedor.
Salomón se jaló el cabello, desesperado. Ahora entendía a la mala la importancia de crecer con pies de plomo en los negocios. Pero de nada servían los arrepentimientos; necesitaban una salida, y rápido.
Después de darle vueltas al asunto, soltó un suspiro de derrota.
—El Grupo Crespo es quien nos está ahorcando. Vayan y hablen con ellos.
—¿Pero por qué el Grupo Crespo se mete con nosotros? ¡No les hemos hecho nada!
Salomón entrecerró los ojos. La guerra entre el Grupo Crespo y la familia Prado estaba que ardía, y era evidente que ellos eran simples víctimas del fuego cruzado. Y como Facundo se había lavado las manos, la única opción era humillarse y suplicar piedad ante Crespo.
Los representantes del Grupo Alfa buscaron al Grupo Crespo. Para su sorpresa, estos no los acorralaron, sino que pusieron una única condición: indemnizar todas las pérdidas que le habían causado a Manoel.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...