—Papá, ¿tienes idea de lo que sentí cuando pensé que estaba muerta y, al abrir los ojos, vi este rostro?
Humberto parpadeó, confundido.
—¿Qué sentiste?
—¡Pensé que había llegado al cielo y me había encontrado con un ángel! Hasta pensé: "Si alguien como yo logró entrar al paraíso, los requisitos no deben ser tan estrictos".
—...
¿Pero qué estaba diciendo esa muchacha?
Jairo se aclaró la garganta, incómodo.
—Señorita Gutiérrez, tengo esposa, y nos amamos profundamente. Así que le ofrezco una disculpa.
La decepción fue evidente en el rostro de Tatiana.
—Supongo que no soy menos atractiva que su esposa, ¿verdad?
—La verdad es que no hay punto de comparación con mi esposa. Y me refiero a absolutamente todo.
Jairo lo dijo con tal sinceridad que resultaba imposible no creerle. Y lo hizo sin el más mínimo tono de arrogancia ni la intención de menospreciarla.
—Pues no le creo. No puede haber en el mundo una mujer más increíble que yo. ¡Tendré que conocerla algún día!
—Por supuesto. Algún día la invitaremos a cenar.
Jairo se despidió de Humberto con un asentimiento y se marchó.
Tatiana se quedó embelesada mirando su figura mientras se alejaba.
—Mira ese porte que tiene. Solo verlo caminar ya te deja sin aliento. Papá, creo que esto es en serio. Me he enamorado.
Humberto se frotó la frente, resignado.
Tras provocar la ruina de Manoel, el Grupo Alfa había acaparado casi todos sus contratos, impulsando un crecimiento vertiginoso. Todo marchaba a la perfección para ellos hasta que, de la noche a la mañana, sus principales proveedores les cortaron el suministro.
Ante la inminente cancelación de sus mayores pedidos y el riesgo de demandas millonarias, el Grupo Alfa buscó desesperadamente el auxilio de la Alianza Lunar. Salomón no tardó en darse cuenta de que el Grupo Crespo estaba detrás del sabotaje.
Sin más alternativas, Salomón acudió a Facundo Prado, pero para entonces, Facundo ya no estaba dispuesto a mover un solo dedo por ellos.
—¡Ustedes en la Alianza Lunar son unos inútiles! Tenían a Humberto y a Tatiana servidos en bandeja y aun así los dejaron escapar vivos. Ahora tienen a la Hermandad Gutiérrez respirándoles en la nuca. ¡Arréglenselas como puedan!
Lo cierto es que Facundo estaba igual de acorralado. El Grupo Crespo había bombardeado los principales proyectos del Grupo Prado; varios se habían paralizado y los pocos que intentaban mantener a flote sangraban dinero a pasos agigantados.
El Grupo Prado estaba al borde del colapso, por lo que a Facundo no le importaba en lo más mínimo lo que ocurriera con la Alianza Lunar.
Salomón finalmente abrió los ojos: Facundo Prado era el peor aliado posible.
Lleno de rabia, Salomón lo amenazó. Le exigió que interviniera para salvar tanto al Grupo Alfa como a la Alianza Lunar, o de lo contrario...
—¿De lo contrario, qué? —Facundo lo fulminó con una mirada venenosa—. Será mejor que te mires en un espejo antes de venir a ladrarme. ¡No eres nadie para amenazarme!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...