Se levantó de la cama para ayudarlo, pero en cuanto lo tocó, él la apartó.
—Duérmete, yo… yo dormiré en el sofá.
—Ah, bueno.
Él empezó a caminar hacia la puerta, pero volvió a tambalearse. Isabella, por instinto, lo sostuvo de nuevo.
Él también, por instinto, se aferró a su brazo, pero sin querer le rasgó la camisa que ella llevaba puesta, dejando al descubierto una gran parte de su piel pálida.
Su respiración se aceleró de golpe. Isabella notó que algo no estaba bien en él e intentó apartarlo, pero él la acorraló contra la pared.
—Estás… estás borracho, suéltame —dijo ella, sintiendo que le faltaba el aire por la presión.
—No es la borrachera.
—¿Eh?
—El viejo le puso algo al vino.
—No… ¿de verdad?
Jairo la presionaba con su cuerpo, sintiendo su suavidad, pero claramente no era suficiente. Se acercó más, sus alientos mezclándose.
—Le encanta manipular, ni siquiera respeta a su propia familia. Por eso lo detesto…
—Jairo… —Isabella intentó empujarlo—. Me estás apretando mucho, casi no puedo respirar.
—¿Cuántos días llevas tomando el remedio?
—Dos semanas. He ido a tu oficina todos los días, tú… tú lo sabes.
—Entonces… no podemos desperdiciar estas dos semanas.
—¿Qué quieres decir?
—Solo te besaré un poco.
—¿Qué… mmm…
Antes de que pudiera reaccionar, él la besó con fuerza, y los ojos de Isabella se abrieron como platos.
Jairo la estaba besando por iniciativa propia. ¿No era que siempre se mostraba tan frío, sobre todo con estas cosas? Pero en ese momento, él ardía, su respiración era agitada, y mientras la abrazaba con fuerza, sus manos dejaban marcas de su posesión sobre la piel de ella.
Normalmente, ella lo provocaba a propósito, sabiendo que él no le haría nada. Pero ahora que de verdad iba a pasar algo, el pánico empezó a apoderarse de ella.
—Jairo, no, no hagas esto…
—Te dije que no dejaría que te tomaras el remedio de estas dos semanas en vano.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...