—¿Qué quiere decir?
—¿Me preguntas qué quiero decir? ¿Te volviste tonto? Tu boda con ella es una farsa. ¿Crees que puedes dejar que nuestros parientes la vean? Cuando Oti tenga a su hijo, ¿cómo se los vas a presentar?
Dicho esto, Diana resopló.
—Pero sí voy a invitar a su padrastro y a su hermano. Con ellos presentes, por más humillada que se sienta, ¡tendrá que aguantarse!
—No puedo hacerle eso a Bella —protestó Gabriel.
—En esto tienes que hacerme caso. Si colaboramos, podrás seguir engañándola. Harás que crea que es la señora Ibáñez, que solo te tiene a ti. Dale tres años, no, te doy cinco, y verás cómo te hartas de ella. Luego, le haces un divorcio falso y la botas.
—Pero yo amo a Bella, no puedo…
—¡No seas tonto! ¿Qué es más importante, una mujer o un hijo? Además, Oti es tu verdadera esposa. Si ella puede soportar esta humillación, ¿tú de qué te quejas?
Diana tomó la mano de Otilia y le dijo con ternura:
—No te preocupes, Gabriel sigue siendo tu esposo. Él te cuidará, y yo te compensaré.
Otilia asintió con los ojos enrojecidos.
—Mi hijo y yo esperaremos a que Gabriel recapacite.
—Pero…
—¿Ya olvidaste lo arrogante que era Isabella? Decidió divorciarse como si nada y te llamó cobarde. Seguro que todavía estás enojado con ella, solo que te aguantas por el proyecto, ¿o me equivoco? —Diana conocía bien a su hijo.
Al recordar lo sucedido, la expresión de Gabriel se ensombreció.
—Está bien, haga lo que usted decida.
***
La asesora que estaba afuera entró al probador y le susurró algo a la que ayudaba a Isabella. Ambas se quedaron atónitas.
—¿Se les acaba de romper la imagen del mundo, verdad? —preguntó Isabella con una sonrisa.
Las dos se sintieron un poco incómodas y no supieron qué decir.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...