Gabriel frunció el ceño al instante y miró a Otilia.
—Es mi mamá —susurró ella.
—¿Y qué hace tu mamá aquí?
—¿Y por qué no iba a poder venir? —Al oír eso, la furia de Casandra creció—. ¡Soy su madre, así que más te vale que me mires bien! ¡Convenciste a mi hija de casarse contigo, la dejaste embarazada y ni siquiera tuviste la decencia de avisarme! ¡Tú y tu familia me van a tener que dar una explicación!
Por la forma de actuar de Casandra, era evidente que no era alguien con quien se pudiera jugar. Gabriel, irritado, fulminó a Otilia con la mirada varias veces.
—¿Dices que no tenemos educación? ¿Y tú, entrando en casa ajena a media noche, tienes mucha? ¿Y encima quieres que te demos una explicación? ¿Pero qué te has creído?
—¿Me estás llamando descarada?
—¡Sí, te lo estoy llamando! ¿Y qué?
Casandra abrió los ojos como platos, se arremangó y se lanzó sobre Diana.
Antes de que nadie pudiera reaccionar, se escuchó el grito de Diana.
—¡Ay, mi espalda! ¡Mi pelo! ¡Bruta del pueblo!
—¿Y qué si soy de pueblo? ¿Crees que me voy a dejar pisotear?
Casandra no solo le jaló el pelo a Diana, sino que con la otra mano le pellizcó la cara con todas sus fuerzas, mientras le daba patadas. Diana no tenía cómo defenderse.
Cuando reaccionaron, Raúl y Gabriel corrieron a separarlas. Por el forcejeo, Diana logró darle una bofetada a Casandra.
—¿Toda la familia contra mí, eh? ¡Pues no les tengo miedo!
Casandra se giró y le mordió el brazo a Raúl con una fuerza descomunal, haciéndolo gritar de dolor.
Otilia intentó intervenir, pero Gabriel la empujó.
—¿Tú también vas a ayudar a tu mamá a pegarnos?
—Yo…
—¡Quítate de en medio!
Gabriel, ciego de ira, volvió a empujar a Otilia.
Esta vez, Otilia perdió el equilibrio, retrocedió unos pasos y tropezó con un jarrón que estaba sobre un pedestal. Con un fuerte estrépito, cayó de espaldas al suelo.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...