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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 126

Gabriel frunció el ceño al instante y miró a Otilia.

—Es mi mamá —susurró ella.

—¿Y qué hace tu mamá aquí?

—¿Y por qué no iba a poder venir? —Al oír eso, la furia de Casandra creció—. ¡Soy su madre, así que más te vale que me mires bien! ¡Convenciste a mi hija de casarse contigo, la dejaste embarazada y ni siquiera tuviste la decencia de avisarme! ¡Tú y tu familia me van a tener que dar una explicación!

Por la forma de actuar de Casandra, era evidente que no era alguien con quien se pudiera jugar. Gabriel, irritado, fulminó a Otilia con la mirada varias veces.

—¿Dices que no tenemos educación? ¿Y tú, entrando en casa ajena a media noche, tienes mucha? ¿Y encima quieres que te demos una explicación? ¿Pero qué te has creído?

—¿Me estás llamando descarada?

—¡Sí, te lo estoy llamando! ¿Y qué?

Casandra abrió los ojos como platos, se arremangó y se lanzó sobre Diana.

Antes de que nadie pudiera reaccionar, se escuchó el grito de Diana.

—¡Ay, mi espalda! ¡Mi pelo! ¡Bruta del pueblo!

—¿Y qué si soy de pueblo? ¿Crees que me voy a dejar pisotear?

Casandra no solo le jaló el pelo a Diana, sino que con la otra mano le pellizcó la cara con todas sus fuerzas, mientras le daba patadas. Diana no tenía cómo defenderse.

Cuando reaccionaron, Raúl y Gabriel corrieron a separarlas. Por el forcejeo, Diana logró darle una bofetada a Casandra.

—¿Toda la familia contra mí, eh? ¡Pues no les tengo miedo!

Casandra se giró y le mordió el brazo a Raúl con una fuerza descomunal, haciéndolo gritar de dolor.

Otilia intentó intervenir, pero Gabriel la empujó.

—¿Tú también vas a ayudar a tu mamá a pegarnos?

—Yo…

—¡Quítate de en medio!

Gabriel, ciego de ira, volvió a empujar a Otilia.

Esta vez, Otilia perdió el equilibrio, retrocedió unos pasos y tropezó con un jarrón que estaba sobre un pedestal. Con un fuerte estrépito, cayó de espaldas al suelo.

—…

—¿Y eso de que si al niño le pasa algo se divorcian de ti? ¿Qué significa, que solo eres una máquina para darles hijos?

—…

Casandra asintió con una sonrisa burlona.

—Ya veo. Se están aprovechando de mi hija descaradamente, ¿verdad?

Agarró a Otilia del brazo.

—¡Ahora mismo me llevo a mi hija al hospital para que le saquen a ese niño! ¿Divorcio? ¡Pues que se divorcie ya!

Al ver que Casandra de verdad se llevaba a Otilia, Raúl se interpuso.

—Ha habido un malentendido. Con-consuegra, por favor, siéntate. Hablemos con calma.

—¿Hablar? —resopló Casandra—. Si quieren hablar, está bien. ¡Primero, un millón de pesos como dote!

***

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