La casa de los Ibáñez se sumió en el caos, y los sirvientes corrieron a buscar a un médico.
A Casandra la echaron de la casa, así que no tuvo más remedio que volver a la de Isabella.
Gabriel sacó a Otilia a la fuerza y, apuntándole con el dedo, le ordenó que devolviera todo lo que su madre había comprado, que pagara el dinero que faltaba y que echara a su madre de allí. Si no lo hacía, se divorciaría de ella.
—Mi madre, te guste o no, es tu suegra. ¿Cómo puedes…?
Antes de que Otilia pudiera terminar, Gabriel le dio una bofetada.
—¿Estás usando a tu madre para fastidiarme a mí y a toda mi familia, verdad?
Otilia se cubrió la cara, las lágrimas corrían por sus mejillas.
—Si fuera Isabella, ¿la tratarías así?
—¿Tú eres ella?
—…
—¡No eres digna ni de que te comparen con ella!
Las palabras de Gabriel fueron como un puñal en el corazón de Otilia. Pero por más que lloraba, no veía ni una pizca de compasión en los ojos de él.
—Cuando nazca el bebé, te daré dinero y nos divorciaremos. Y será mejor que tú y tu madre se larguen de Nublario para siempre y no me dejen volver a verlas.
Dicho esto, Gabriel se dio la vuelta y se fue sin mirar atrás.
El viento de la noche golpeó a Otilia, y un frío intenso la envolvió.
Las lágrimas se le secaron, dejando solo un rastro de amargura y odio.
Odiaba a Isabella. ¡Si no fuera por ella, nada de esto habría pasado!
Isabella, por el contrario, estaba de muy buen humor. Se dio un baño, se metió en la cama y se puso a cantar en voz baja.
En ese momento, su celular sonó. Ignacio le había enviado un video.
[Un regalito para alegrarte la noche.]
«¿Qué regalito?».
Isabella abrió el video y vio a Jairo en la pantalla. Llevaba un traje impecable, el pelo, un poco largo, peinado hacia atrás. Su porte era elegante y a la vez desprendía un aire de frialdad.
Se acercó, miró con desdén a la persona que sostenía la cámara, se quitó el saco, lo arrojó al sofá y, mientras se desabrochaba la camisa con una mano, con la otra sacó un cigarro de la cajetilla, se lo llevó a los labios y lo encendió.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...