Él contestó. Acababa de salir de la ducha, el pelo todavía húmedo, pero el vapor había acentuado la belleza de su rostro. Sin embargo, antes de que pudiera admirarlo bien, la cámara giró y el celular fue arrojado sobre una mesa.
—Esta tarde firmé el contrato con Ángel. La sede de su empresa se instalará en la zona comercial, y a petición suya, habrá que hacer algunos cambios en el proyecto de tu centro comercial. Ya he dado las instrucciones y se pondrán en contacto con tu gente para discutir los detalles. Te lo digo ahora para que sepas que los cambios no serán grandes, así que habla con tu equipo para que no haya ninguna resistencia —dijo, con un tono estrictamente profesional.
Al oír eso, Isabella se puso seria. Un pequeño cambio en el papel podía tener grandes repercusiones en la práctica, así que tenía que informarse bien.
Jairo le explicó los puntos principales y, al escucharlos, Isabella se tranquilizó. Efectivamente, los cambios no eran grandes y podrían manejarlos.
—El techo tiene un pequeño agujero —dijo Isabella, cambiando de tema ahora que habían terminado de hablar de trabajo.
La cámara volvió a girar, esta vez enfocando el rostro de Jairo.
Estaba sentado frente a su laptop, con una expresión neutra, probablemente trabajando.
—Eh… —No era eso lo que quería decir, pero mirar un rostro guapo era definitivamente más agradable que mirar el techo—. ¿Todavía estás trabajando?
—Sí.
—¿Te curaste la herida del brazo? Ah, por cierto, ¿no te la mojaste al bañarte?
—Me la curé, no la mojé.
Respondía a todo lo que le preguntaba, sin una palabra de más.
—¿Cuándo vuelves?
—Mañana.
—¿Hace frío allá? Aquí ya hay que dormir con cobija.
—Está bien.
La conversación no fluía. ¿Debería colgar? Pero si colgaba sin haber conseguido sacarle una sonrisa al cliente, sentía que no había hecho bien su trabajo.
—Ignacio me mandó un video tuyo hace un rato.
—Ja.
—Te llamó "mi amor".
Al oír eso, Jairo por fin la miró, una leve sonrisa se dibujó en sus labios.
—De acuerdo.
Isabella se acostó en la cama, apuntó la pantalla del celular hacia sí misma y se puso a observar a Jairo trabajar. Definitivamente, los hombres son más atractivos cuando trabajan. Con sus manos de dedos largos y nudosos, tecleaba en el teclado, de vez en cuando bajaba la vista para pensar y luego volvía a mirar la pantalla.
Casi sin darse cuenta, hizo una captura de pantalla. La miró: el ángulo era malo, pero él se veía muy guapo.
Al principio, pensó que había salido perdiendo con este trato, porque se había equivocado y había pensado que Hernán era el hijo de Iván. Pero ahora sentía que había ganado el premio gordo, porque era Jairo.
¿Cómo podía un hombre ser tan guapo, tan salvaje y elegante a la vez, y tan sexi?
Isabella estaba más que satisfecha, y sin darse cuenta, se quedó dormida.
Al día siguiente, al despertar, recordó de golpe que se había quedado dormida mientras estaba en videollamada con Jairo. Rápidamente tomó el celular. Por supuesto, él ya había colgado, pero le había enviado una captura de pantalla de su videollamada.
En la pantalla, ella dormía profundamente, con la cara aplastada por la mano y un hilo de baba saliéndole de la boca…
[Gracias a ti, anoche se me quitó todo el sueño], había comentado Jairo debajo.
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...