Otilia suspiró.
—Aunque esté esperando un hijo de Gabriel, la verdad es que no quiero arruinar lo que tienen ustedes.
—Ja.
—¿No podemos seguir como estamos?
—¿Qué quieres decir?
Otilia se mordió el labio.
—Nosotros tres, y el bebé, viviendo juntos.
—¡Puaj!
Después de Gabriel, Otilia había logrado darle un asco aún mayor.
Al ver su reacción, Otilia frunció el ceño.
—Bella, créeme, la que más ha sufrido en todo esto soy yo.
—Tú… te tienes en una estima demasiado alta —replicó Isabella con desdén.
—Isabella, no seas tan arrogante. ¿De verdad te crees tan importante? Ja, para los Ibáñez no eres nada, tú…
Isabella sacó su celular y reprodujo la grabación de lo que Gabriel le había dicho en el estacionamiento.
[Bella, te amo, de eso no hay duda… ella es solo un instrumento para darnos un hijo… haré que desaparezca de nuestras vidas… de ahora en adelante, tú serás la madre del niño…].
Mientras escuchaba la grabación, el rostro de Otilia parecía recibir una bofetada tras otra. Pasó del rojo al blanco, y finalmente se contorsionó en una mueca de dolor.
—¡No, él no puede hacerme esto!
Casandra, que salía de la cocina, también escuchó la grabación.
—¡Gabriel! ¡Así que eso es lo que piensa! ¡Sabía que no se podía confiar en ese perro!
—¡Seguro fuiste tú! ¡Tú lo obligaste a decir eso! —gritó Otilia, furiosa, a Isabella.
Isabella se encogió de hombros.
—¿Otra vez intentando culparme?
—Bella, Gabriel no puede tratar así a Oti. Tienes que hacer que se responsabilice, y tú también tienes que responsabilizarte…
—¡Lárguense!

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...