Incapaces de ganar la discusión o la pelea, Casandra y Otilia no tuvieron más remedio que irse, humilladas.
—¡Te juro que me las vas a pagar! —dijo Otilia, apretando los dientes.
Casandra le acarició el vientre.
—Mientras tengas a este bebé, tienes la oportunidad de darle la vuelta a la tortilla.
Casandra animó a su hija y luego miró hacia la puerta de la casa de los Ibáñez.
—Ya que Isabella nos ha echado, lo lógico es que nos mudemos con los Ibáñez.
Dicho esto, se acercó y empezó a golpear la puerta con fuerza.
Cuando la puerta se abrió, madre e hija irrumpieron en la casa.
Antes de dormir, Isabella todavía podía oír los gritos de la pelea que venían de enfrente. El escándalo era cada vez mayor, como si fueran a derribar el techo.
***
A la mañana siguiente, cuando Isabella regresaba de correr, vio a Diana empujando a Gabriel hacia su puerta.
—¿No quedaron en que hoy por la mañana irían al registro civil? Seguro que ella cree que no quieres divorciarte y por eso te está manipulando. Si no vas hoy, te tendrá comiendo de su mano para siempre.
—Pero… pero no estamos casados de verdad, ¿cómo vamos a ir al registro…?
—¡No va a ir al registro a divorciarse de verdad, no seas tonto!
—Siento que esta vez habla en serio.
—¡Mamá te asegura que no se atreverá ni querrá hacerlo! Ella…
Diana se interrumpió al oír unos pasos. Se giró y vio a Isabella, lo que la sobresaltó.
—¡Qué susto! ¿Por qué andas como un fantasma tan temprano?
Isabella ignoró a Diana y se dirigió a Gabriel.
—Espérame un momento, voy a cambiarme y nos vamos al registro civil.
Dicho esto, de manera directa y decidida, entró en su casa.
En cuanto la puerta se cerró, Gabriel se puso visiblemente nervioso.
—¡Dice que va al registro civil! ¡De verdad quiere el divorcio!

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...