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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 161

Con solo ver cómo venía vestida Isabella, cualquiera se daba cuenta de que era de las que podían comprarse una computadora de cincuenta mil pesos sin pestañear.

—Usted es la hermana de Leandro, ¿verdad? Él nunca nos había comentado nada. La mandamos llamar hoy porque, bueno, hubo un pequeño malentendido entre los muchachos…

—La maestra dice que fue un malentendido, pero lo que yo escuché desde afuera sonaba más bien a que todos se habían puesto de acuerdo para acorralar a mi hermano y obligarlo a confesar que se robó una computadora, incluso cuando él lo estaba negando una y otra vez —dijo Isabella, enarcando una ceja.

—Bueno… es que a Darío se le perdió una laptop, una bastante cara, y justo al poco tiempo encontramos una idéntica en el casillero de Leandro. La verdad es que sí resulta un poco sospechoso.

—¿Encontraron? —Isabella soltó una risita burlona—. ¿Y quién les dio permiso para registrar las cosas de alguien sin su consentimiento?

—…

—Siendo generosos, a eso se le llama ser un maleducado. Si nos ponemos serios, es una violación a la privacidad. Y si vamos más allá, ¿no podría yo sospechar que el ladrón fue él?

—No, bueno, eso ya sería exagerar.

—Miren, señores, ambos son alumnos de esta universidad. Si yo digo que este tal Darío es un ladrón, ustedes lo defienden. Pero si él dice que mi hermano le robó su computadora, entonces sí le creen. ¿Les parece que están siendo justos?

Esa sarta de preguntas dejó a los profesores de la dirección tan avergonzados que no supieron qué responder.

Además, Isabella tenía una presencia tan imponente que una sola de sus miradas se sentía como un ataque.

—Nunca he oído que tuviera una hermana. ¿Tú de dónde saliste? —preguntó Darío frunciendo el ceño.

Isabella lo miró. Se parecía bastante a Otilia; tenía la misma cara de fastidio.

—Leandro, ¿quién soy? —preguntó sin voltear a verlo.

Leandro hizo una mueca, sin ganas de contestar.

—Me llamaste a mí, lo que significa que no querías preocupar a papá, ¿cierto?

Leandro guardó silencio un momento.

—Es mi hermana. Mi hermana de sangre, por parte de mamá.

Isabella sonrió satisfecha y luego le dirigió una mirada desafiante a Darío.

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