¡Zas! ¡El cuchillo golpeó la tabla de cortar!
—¿Qué dijiste? —la voz de Jairo se volvió gélida.
Isabella, sin darse cuenta de nada, siguió abrazándolo.
—Tienes que hacerte responsable de mí.
Jairo se la quitó de encima y la miró fijamente.
—Repite lo que acabas de decir.
Solo entonces Isabella notó la extraña expresión de Jairo y, tardíamente, se dio cuenta de que él no había entendido su broma.
—Cuando digo que me embarazaste, es una forma de decir que eres muy atractivo, muy sexi. Que una mujer solo necesita mirarte para quedar embarazada. Uf, es difícil de explicar, es algo que se siente, no se dice. En fin, que te amo tanto que quiero tener un hijo tuyo.
Como no sabía cómo explicarlo, Isabella decidió no hacerlo. Se puso de puntillas, rodeó el cuello de Jairo con sus brazos y le besó la nuez de Adán mientras pegaba su cuerpo al de él.
—Mi amor, hazme un hijo.
Jairo la tomó por la cintura y resopló.
—¿No tenías hambre?
—Sí, tengo hambre. ¿Y tú?
La mirada de Jairo se intensificó. La levantó en brazos, la sentó en la encimera de la cocina, le mordisqueó el labio inferior y luego la devoró a besos.
Su mano se deslizó bajo la sudadera de ella, encendiendo fuegos por donde pasaba.
El cuerpo de Isabella se calentaba cada vez más, hasta que ya no pudo soportarlo…
—¡Oye, hermano, apúrate con la cena, que me muero de hambre! —gritó Óscar desde afuera.
Unos diez minutos después, Isabella fue expulsada de la cocina.
—¿A qué entras a estorbar si ni siquiera sabes cocinar? —le dijo Óscar, mirándola con desdén.
Isabella lo miró como si fuera un idiota.
—Tu hermano está ocupadísimo y encima tuvo que ir a la delegación a sacarnos de nuestro problemita. ¿Crees que no está de mal humor?
—¿Eh?
—Hace un rato estaba trabajando y ahora está cocinando, pero tarde o temprano te va a pasar la factura.
«¿La factura?».
A Óscar se le puso la piel de gallina.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...