Isabella fue a la oficina por la mañana, comió con Iván al mediodía y por la tarde pasó a ver el lugar de la boda. Cuando regresó, ya casi anochecía.
Apenas llegó a la puerta, la de la casa de los Ibáñez, enfrente, se abrió un poco y Manuela la llamó.
—Tienes visita.
Isabella se extrañó por un momento, pero enseguida supo de quién se trataba y se dirigió rápidamente hacia allá.
Al entrar, vio varios costales de tela apilados en la entrada. Reconoció de inmediato el pollo y el pato ahumados, y los tejocotes y duraznos secos; todo lo que le encantaba comer cuando estaba en casa.
Pero ahora, esas cosas estaban tiradas afuera como si fueran basura. Parte de la fruta seca incluso se había desparramado por el suelo.
Frunció el ceño y empujó la puerta para entrar.
Tal como esperaba, vio a su padre adoptivo. Llevaba ropa sencilla pero limpia, y estaba sentado, encogido e incómodo, en un pequeño banco. Su figura era delgada y su cabello, canoso.
Sí, en un banco.
Mientras tanto, los Ibáñez estaban sentados en el sofá: uno bebía té y el otro comía fruta, pero nadie le había ofrecido nada a Elías.
—Los muchachos llevan tantos años juntos… Bella tiene muchos defectos y a menudo nos hace enojar, pero si nuestro Gabriel no se casa con ella, ¿quién más lo haría? —decía Diana con expresión de asco.
—Bella siempre ha sido muy sensata —dijo Elías tras un momento de silencio.
—¡Pues ayer hasta me pegó! ¡Qué sensata!
—…
—Pero en fin, somos los mayores y no vamos a ponernos a su nivel. Solo te pido que hables con ella. Cuando una es nuera, debe respetar a sus suegros y ser obediente con su esposo, ¿no es lo que corresponde? ¡Pero mírala a ella, todo el día con aires de grandeza, como si quisiera pisotearnos a todos!
—Nuestra Bella es una muchacha razonable.
—Vaya, parece que no te gusta que diga un par de verdades sobre ella.
—¡No, no es eso!
—¡Ya decía yo que le faltaba educación! ¡Claro, con un padre adoptivo como tú, que no sabe cuál es su lugar!
—¿Quién no sabe cuál es su lugar? —preguntó Isabella, acercándose con el rostro endurecido.
Diana se sobresaltó al verla.
—Bella, por fin regresas. Invité a tu padre a Nublario para que venga a la boda. Tú…


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...