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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 185

Frente al Hotel La Perla, Isabella y Elías apenas bajaban del carro cuando Iván, seguido de Jairo, se acercó a recibirlos.

Iván tomó la mano de Elías y le dio una palmada amistosa.

—¡Qué bueno que pudo venir, ya lo estábamos esperando!

Elías seguía cohibido, pero la calidez de Iván era abrumadora. No parecía que fuera la primera vez que se veían, sino que eran viejos amigos de décadas. Lo tomó del brazo y lo guio hacia adentro.

—Ahora que está aquí, no se vaya. ¡Así nos hacemos compañía!

Después de unos pasos, Iván pareció recordar algo.

—Por cierto, él es mi hijo, su yerno. Jairo, acércate a saludar a tu padre.

A Jairo le costaba ser tan extrovertido como su padre y, por un momento, no supo qué decir.

Isabella estaba a punto de intervenir para ayudarlo, cuando él carraspeó y dijo:

—Papá, soy Jairo Crespo. Espero que me dé sus consejos de ahora en adelante.

Se adelantó e, inclinándose, estrechó la mano de Elías.

Elías se quedó perplejo por un instante, pero rápidamente le correspondió, sujetando la mano de Jairo con las dos suyas.

—¡Buen muchacho, muy buen muchacho!

—La buena es Bella, ¡no sabe cómo la quiero! Es obediente, sensata, capaz pero humilde, y con los mayores es un encanto. Sabe respetar, es educada, no se intimida y se desenvuelve con naturalidad. Todo es gracias a que usted la educó muy bien. ¡Qué suerte la nuestra de tener una nuera así!

Elías, después de haber escuchado a los Ibáñez menospreciar a su hija, se había sentido muy dolido. Su hija no era así.

Ahora, al oír los halagos de Iván, que la ponía por las nubes, se sintió feliz pero también un poco avergonzado. Su hija no era perfecta; a veces, su carácter sí era un poco explosivo.

Al llegar al salón privado, Iván prácticamente arrastró a Elías para sentarlo en el lugar de honor, y él se sentó a su lado. No hizo falta que Isabella animara el ambiente; Iván no paraba de hablar. Cuando la conversación derivó hacia la pesca, Elías encontró un tema en común y también empezó a hablar.

Ambos comenzaron a relatar sus hazañas de pesca, cada vez más entusiasmados, olvidándose por completo de Isabella y Jairo.

—Cuando te llamé, creo que estabas en una junta —dijo Isabella, inclinándose hacia el oído de Jairo.

No había planeado contarle a Elías sobre la boda, ya que su matrimonio con Jairo tenía como objetivo el divorcio. ¿Para qué ilusionarlo y luego preocuparlo?

Pero como los Ibáñez habían traído a Elías, para que él se quedara tranquilo, tuvo que presentar su matrimonio con Jairo como algo normal. Y en una boda normal, los padres de ambos debían conocerse, así que llamó a Jairo.

—Sí, la interrumpí.

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