Isabella relató los hechos una y otra vez hasta que, finalmente, dijo con resignación:
—Mañana es mi boda. ¿Puedo hacerle una llamada a mi prometido?
Jairo no tardó en llegar. Apareció envuelto en la noche, con el cansancio del viaje marcado en el rostro.
En el instante en que lo vio, a Isabella se le llenaron los ojos de lágrimas y corrió a abrazarlo.
Jairo la rodeó con sus brazos y le dio un beso en la frente, lleno de ternura.
—Tranquila, ya estoy aquí.
El papeleo se resolvió rápidamente y, poco después, Isabella salió libre. Para entonces, ya había llorado todo lo que necesitaba. Encontró un palo de madera y, hecha una furia, se dispuso a ir a buscar a los Ibáñez para ajustar cuentas.
—Quedan cuatro horas para que empiece nuestra boda.
—¿Cuatro horas? —Isabella asintió—. ¡Es tiempo suficiente para ir a darles una lección!
Jairo la atrajo hacia él con una sonrisa y volvió a besarla varias veces.
—No podemos retrasar la ceremonia.
—Pero es que no se me baja el coraje.
—Déjamelo a mí. Les haré saber cuáles son las consecuencias de meterse contigo.
A Isabella se le escaparon más lágrimas.
—Yo nunca les hice nada malo. Llegué a considerarlos mi familia, los traté con sinceridad, pero ellos… me engañaron, me tendieron una trampa…
—No valen la pena.
—¡Esa gente es muy mala!
—Y a la gente mala hay que darle un buen escarmiento.
—¡Quiero golpearlos hasta que se arrodillen y me supliquen perdón!
—No necesitas ensuciarte las manos. Yo me encargo.
—¡Que se arrepientan de todo el mal que me hicieron!
—De acuerdo. Haré que se arrepientan frente a ti.
—¡Quiero darles una bofetada a cada uno… no, diez bofetadas!
—Siempre y cuando no te importe que te duela la mano.
Isabella, que había estado apretando los dientes de rabia, no pudo evitar soltar una risita al oír eso.
—Entonces no usaré las manos, ¡usaré los pies!
—Ya le pedí al personal que preparara el vestido. ¡Vamos a cambiarnos primero!
Isabella y Floriana solo se habían visto una vez, así que no se podía decir que se conocieran bien. Sin embargo, cuando Jairo le pidió que fuera dama de honor, ella pidió permiso en el set de grabación y vino sin dudarlo, ayudando a Luna en todo momento.
—Floriana, ¡gracias! —dijo Isabella, agradecida.
Floriana sonrió.
—Un «gracias» de palabra no es suficiente. ¡Más te vale que me invites a comer varias veces!
—Por supuesto.
Sara y los compañeros del departamento de proyectos del Grupo Triunfo también habían llegado. Estaban ocupados siguiendo instrucciones, pegando adornos y inflando globos.
Isabella no tenía muchos familiares de su lado, así que para que no se sintiera sola, Luna y los demás habían invitado a sus propias familias, llenando el lugar de gente y alegría. Aunque Isabella no los conocía, todos le decían «felicidades» al verla.
Mientras la maquillaban, Luna le dio a beber un vaso de agua con miel.
—Intenta no hablar mucho por ahora. Durante la ceremonia tendrás que leer tus votos.
—Me da miedo que, en cuanto abra la boca, todos se rían de mí.
Con esa voz de ultratumba, hasta a ella le daban ganas de reír.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...