Los ojos nublados de Osiel estaban llenos de veneno. Después de hablar, escupió al suelo.
—¡Qué asco!
Isabella no pudo contenerse más. Le lanzó un puñetazo a la cara a Osiel, quien trastabilló un par de pasos antes de caer pesadamente al suelo.
—¡Si vuelves a insultar a mi madre, te mato!
—¡Viejo! ¡Viejo! —Valeria corrió hacia él, sin siquiera mirar si estaba herido, y se abrazó a él llorando a gritos—. ¿Por qué tenemos tan mala suerte? Nuestro hijo murió joven, nos dejó una nieta y cuando queremos acercarnos a ella, nos desprecia, ¡y hasta nos pega!
En ese momento, Osiel, en lugar de levantarse para enfrentarse a Isabella, también empezó a secarse las lágrimas, adoptando una expresión de víctima.
—Es mi culpa, la avergoncé.
Valeria se giró hacia Isabella, gritando entre lágrimas:
—Ahora que te casaste bien y eres una persona elegante, te avergüenzas de que seamos pobres. Pero, aun así, ¡somos tus mayores! ¿Cómo te atreves a pegarnos?
—No culpo a la niña, no la culpo… —sollozaba Osiel.
Isabella frunció el ceño. Estaban actuando. ¿Pero para quién?
Su mente se aceleró y empezó a mirar a su alrededor. Efectivamente, vio a Erick escondido detrás de un árbol, con el celular en la mano, grabando la escena.
¡Había caído en su trampa!
¡Osiel la había provocado a propósito para que le pegara!
Al ver que Isabella lo había descubierto, Erick guardó el celular, tecleó algo rápidamente y, con las manos en los bolsillos, se acercó a ella con aire de suficiencia.
—El video de cómo golpeas a tus abuelos ya lo subí a internet. El título es: "¡Increíble! ¡El mundo al revés! ¡Nieta golpea a su abuelo en plena calle!".
Tras decir esto, Erick se echó a reír y aplaudió.
—¿A que me quedó bien el título?
Isabella apretó los dientes.
—¡Ustedes, los Benítez, son de lo más rastrero!
—Lo admito. Así que te aconsejo que saques el dinero pronto y acabemos con esto.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...