"El abuelo dijo que su nieta se casó con una familia rica. ¿Alguien la conoce?".
Cada comentario era como un golpe para Isabella, que sentía que la vista se le nublaba. Quería defenderse, pero sabía que su voz no podría contra la de tantos.
Cuando salió de la sección de comentarios, vio que las visitas y los comentarios del video seguían aumentando.
En ese momento, Gabriel le envió un mensaje: [Isabella, ha llegado la hora de tu juicio. ¡Aguanta!]
Apretó el puño, volvió a entrar y, de repente, el video ya no estaba entre las tendencias. Lo buscó, pero no lo encontró.
«¿Qué…?».
Mientras estaba confundida, recibió una llamada de un número desconocido.
Isabella contestó y escuchó un profundo suspiro al otro lado.
—¿Sabes quién soy?
Una voz de mujer, autoritaria, serena…
Isabella apretó los labios.
—Señora, buenas tardes.
Era la señora Crespo. Ella había sido quien había eliminado el video.
—Arregla tus asuntos. ¡No manches el nombre de la familia Crespo!
—Lo arreglaré.
Antes de que pudiera terminar, la señora Crespo colgó.
Isabella bajó la cabeza, sintiéndose impotente. No quería enfrentarse a los Benítez, de hecho, les tenía miedo. Pero, ¿no podría ser un poco más débil por una vez y apoyarse en alguien?
Sacó su celular, pensando en llamar a esa persona al otro lado del océano, pero justo cuando iba a marcar, una voz resonó en su cabeza.
«Isabella, no seas tonta. En el momento en que te quites la armadura y dependas de alguien, perderás el control sobre la victoria y la derrota. Entonces te convertirás en una oveja, una oveja lista para el matadero. ¡No puedes permitirlo, de ninguna manera!».
Al pensar en esto, canceló la llamada.
Ella, Isabella, no perdería. Nunca.
***
Al día siguiente, Isabella y Leandro Muñoz acompañaron a Elías a la estación.
Elías seguía preocupado, pero no lo dijo. Solo abrazó a Isabella y le recordó que tenía una familia.
—Papá, cuando se me antoje tu estofado de cerdo, iré a casa a verte —dijo Isabella, tratando de sonar despreocupada.
—Claro que sí, aquí te espero.
Leandro hizo una mueca.
—¡No te olvides de que también tienes un hijo!

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...