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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 312

Isabella esbozó una sonrisa.

—Erick me pidió diez millones.

—¿Qué quieres decir?

—Que si le doy diez millones, él romperá el trato con ustedes y se irá con el dinero.

—¡Se… se atreve a romper el trato!

—Tú le das dos millones, yo le doy diez. ¿No crees que vale la pena romper el trato?

—¿Aceptaste?

—Con tal de no verte feliz, podría aceptar.

—¡Isabella!

—¿Te enojaste? ¿Y qué le vamos a hacer? ¡A mí el dinero no me falta!

Gabriel, furioso, colgó el teléfono. Isabella soltó un bufido y esperó.

Efectivamente, poco después, Erick la llamó.

—Isabella, la verdad es que valoro nuestro lazo familiar, pero Gabriel me ofreció once millones. Nuestro parentesco no vale un millón, ¿o sí?

Isabella entrecerró los ojos.

—Te doy veinte millones.

—¿Veinte millones? ¿Estás… estás segura?

—Solo son veinte millones.

—Siento que aquí hay algo raro.

—Ya sabes cómo están las cosas entre Gabriel y yo. ¡Prefiero gastar más dinero antes que darles el gusto!

—¿Y nosotros? ¿Nos darás el gusto a nosotros?

—Yo… yo no puedo hacer nada contra ustedes.

—¡Ja, ja! ¡Se te acabaron los humos! Tu pasado es tu mancha, y mientras sigamos vivos, ¡esa mancha nunca desaparecerá! ¿Y qué puedes hacer? No vas a matarnos, ¿verdad? ¡No te atreves! Así que no te queda más remedio que ceder y suplicarnos que te tengamos lástima y te dejemos en paz.

—Les suplico que me tengan lástima y me dejen en paz.

—¡Ja, ja, ja!

Erick se rio a carcajadas, casi flotando de arrogancia.

Sin embargo, no aceptó de inmediato. Después de colgar, Isabella supuso que iría a negociar de nuevo con Gabriel.

Como era de esperar, poco después recibió un mensaje de Gabriel.

[Isabella, podríamos salir ganando los dos, pero tú insistes en que uno muera y el otro quede herido, ¿verdad?]

Isabella respondió: [Así que ya te diste cuenta de que no puedes competir conmigo, que solo te espera la muerte.]

—Anoche trabajé hasta tarde. ¿Para qué quieres el dinero?

—¡Dámelo rápido y no preguntes más!

Jairo soltó una risita.

—Está bien, pero cuando le pides dinero a tu esposo, no se usa la palabra “prestar”.

—Te lo devolveré.

—La palabra “devolver” tampoco está bien.

—Entonces, ¿cómo se dice?

—Solo di que me extrañas.

—Pero es que de verdad te extraño.

—Yo también.

Al escuchar la voz de Jairo, a Isabella se le hizo un nudo en la garganta. Quería decirle que la estaban molestando, pero no se atrevía, porque si empezaba a hablar, se pondría a llorar. Jairo, por supuesto, la consolaría y la ayudaría, pero después de la lección que le dio Gabriel, decidió volver a ponerse la armadura y no mostrarle su punto débil a nadie más, ni siquiera a Jairo.

Una vez que tuvo el dinero listo, Isabella le envió a Gabriel la dirección donde se encontraría con Erick al día siguiente.

[¡Si te atreves, ven!]

***

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