Por la tarde, Isabella citó a Otilia frente a su villa.
Otilia llegó con aire de suficiencia, claramente convencida de que Isabella no había podido con ella y se había rendido, dispuesta a entregarle la propiedad.
—Si hubieras cedido antes, no habríamos tenido que llegar a este punto tan desagradable —dijo Otilia. Vestía un traje sastre, con un maquillaje impecable, labios de un rojo intenso y una confianza desbordante. Al hablar, no pudo evitar sonreír, con la postura de una vencedora.
Isabella simplemente miró su villa.
—¿Tanto te gustan mis cosas? ¿Tanto las deseas?
—Tus cosas son excelentes, y sí, las deseo. Y las he conseguido por mis propios méritos —Otilia también contempló la villa, sus ojos brillando de emoción—. Por fin tengo mi propia casa en Nublario. Por supuesto, todo gracias a ti, mi vieja amiga, así que te lo agradezco de corazón.
—Otilia, lo que no es tuyo, aunque lo consigas con malas artes, un día lo perderás.
—Si tuve la habilidad para conseguirlo, no dejaré que se me escape de las manos.
Isabella miró a Otilia y soltó una risa fría.
Otilia, creyendo que era por resentimiento, frunció los labios.
—Me perjudicaste mucho en el pasado. Solo te estoy pidiendo una villa, no es para tanto. Además, te prometo que en cuanto me la des, nunca más volveré a meterme contigo. Nuestras cuentas quedarán saldadas.
—¿Solo una villa?
Lo decía con una ligereza asombrosa, como si Isabella se la debiera.
En ese momento, apareció Diana. Al ver a Isabella, pensó que venía a echarlos y corrió a suplicarle.
—Bella, de verdad no tenemos a dónde ir. Por favor, ten compasión y déjanos quedarnos un poco más. Te prometemos que buscaremos una casa lo antes posible. En cuanto la encontremos, nos mudaremos.
Otilia miró a Diana con desdén.
—¿Por qué le ruegas? ¡Esta villa será mía a partir de ahora!
Diana se quedó perpleja.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...