El lugar de encuentro era un parque pequeño y bastante apartado.
Víctor encontró a Adriana y vio que llevaba ropa deportiva barata, el pelo cortado hasta las orejas y ni rastro de su maquillaje refinado. Parecía otra persona.
Al verla así, Víctor no pudo evitar soltar una carcajada.
—¡Pensé que eras la señora de la limpieza!
Adriana puso mala cara.
—¡Te busqué por un asunto serio!
Víctor claramente no estaba de humor para negocios. Siguió burlándose de ella:
—Escuché que no eres hija biológica de Rafael, sino que tu mamá te tuvo con un amante y que cuando Rafael se enteró, las deportó a ti y a tu madre. Oye, ¿y cómo regresaste?
Adriana frunció el ceño.
—Me colé de regreso.
—¿A qué volviste?
—¡A buscarte, obvio!
—¿A buscarme? —Víctor soltó una risa burlona—. ¿No me digas que todavía quieres que me case contigo? Adriana, ¿por qué no te miras en un espejo? Antes estaba dispuesto a casarme contigo porque eras la señorita Méndez, pero ahora, ¿qué eres? Una bastarda. ¿Crees que mereces casarte conmigo?
—¡Víctor! —Adriana apretó los dientes—. ¡Te busqué para que cooperemos!
—¿Tú? ¿Cooperar conmigo?
Adriana respiró hondo.
—¡Puedo ayudarte a quitarle el Grupo Crespo a Jairo!
Víctor parpadeó.
—¿Tú sola? ¿Quitárselo a Jairo?
—Tengo un plan, pero depende de si quieres el Grupo Crespo o no.
Víctor sabía que Adriana tenía ciertas habilidades, pero lo pensó detenidamente.
—No lo quiero.
—Tú… tú eres el verdadero nieto de la familia Crespo. ¿Te vas a resignar a dejarle el Grupo Crespo a un extraño?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...