—¿Todavía se acuerda que usted es el presidente de Grupo Crespo? ¿Sabe que hay un montón de asuntos en la empresa que requieren su firma? Se desapareció sin decir ni pío, y por tantos días... ¿Alguna vez pensó que la empresa podría colapsar?
En cuanto al trabajo, sí había sido un irresponsable. Víctor tosió un poco, indicando que no volvería a pasar, porque tenía planeado tragarse el orgullo, admitir la derrota y devolverle la empresa a Jairo.
La vida es corta. ¿Para qué desgastarse tanto por orgullo, por salvar las apariencias, si no podía estar con su mujer y su hija ni hacer lo que le gustaba? Qué necesidad.
—Ahorita mismo convoco a la junta de accionistas. Le voy a devolver el puesto de presidente a su señor Crespo.
—El señor Crespo hizo bastante por usted durante los días que estuvo ausente.
—Pues que se siga sentando en esa silla, ya no voy a pelear con él.
Lola soltó un suspiro profundo.
—El señor Crespo también desapareció.
—¿Ah? ¿Qué dijiste?
Lola fulminó a Víctor con la mirada.
—¡Si no, no estaría yo tan urgida!
Víctor soltó una risa incrédula. Jairo le estaba copiando la jugada, ¿verdad? ¿Desaparecer de la nada para aventarle el trabajo de vuelta?
—En fin, por favor regrese a la empresa de inmediato.
En ese momento, Jairo iba manejando. Isabella Quintero estaba en el asiento del copiloto dando instrucciones de trabajo a Hernán por celular. Los dos niños iban atrás: Lucas estudiaba matemáticas por su cuenta y Samuel se pegaba a la ventana gritando de emoción cada cierto tiempo.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...