Entrar Via

La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 859

Después de acostar a Carlota, Víctor regresó a la recámara y vio que Floriana ya se había puesto la pijama y estaba recargada en la cabecera, examinando una piedrita que tenía en la mano.

Víctor, con solo pensar que ella ya era su esposa y que podía aprovecharse de la situación, sentía que el cuerpo le exigía acción; se moría por lanzarse sobre ella y besarla. Pero Floriana ya había tenido suficiente con el ajetreo de la tarde; le dolía la cintura, así que trataba de esquivarlo y manotearle para que se estuviera quieto.

Víctor no buscaba forzosamente llegar a más, solo quería besarla y molestarla un rato; incluso que ella le diera un par de golpes lo ponía de buenas.

—¿De dónde sacaste eso? —preguntó Víctor quitándose la ropa y señalando la piedrita.

—De tu coche. Carlota la encontró en el asiento de atrás e insistió en guardármela en la bolsa; la saqué ahorita que colgué la ropa. —Floriana levantó la piedrita—. Pero ¿qué hace esto en tu coche?

Víctor se interesó de inmediato, sacó su celular y le mostró unas fotos a Floriana.

La primera foto dejó a Floriana con la boca abierta: Víctor estaba colgado de una pared de roca, a decenas de metros de altura, con apenas una cuerda delgada sujetándolo. Desde ese ángulo, daba la terrorífica impresión de que podía caerse en cualquier momento.

—¿Tú... fuiste a escalar?

—Estuve escalando al aire libre estos últimos diez días.

Floriana entrecerró los ojos. Con razón nadie podía contactarlo, ni siquiera los que no tenía bloqueados; se había largado al monte. Ahora todo tenía sentido.

—Eso es escalada libre, ¿no? Es muy peligroso.

—No es peligroso si tienes buena técnica —respondió Víctor restándole importancia.

Floriana volvió a mirar a Víctor, que ya se había quitado la camisa, revelando unos músculos firmes. Su cuerpo denotaba fuerza, pero no de esa musculatura inflada de gimnasio; tenía hombros anchos y cintura estrecha, muy buena figura.

—¿Así que te gusta escalar?

—Sí, cuando vivía fuera iba seguido a escalar a diferentes lugares. Pero al regresar, supongo que entre tantas broncas, dejé de ir y perdí el interés. Esta vez lo intenté de nuevo y me di cuenta de que me sigue gustando. Decidí que, de ahora en adelante, iré a escalar siempre que tenga tiempo.

—¿Tienes miedo de que te deje sin poder caminar?

—Hmph, ¿ya sabes que eres un animal?

Aunque lo regañaba, Floriana ya le había agarrado el gusto, y en cuanto Víctor la volvió a besar, se derritió en sus brazos.

Se tardaron tanto en el vestidor que la asistente tuvo que apurarlos tres veces.

Sin atreverse a demorar más, Floriana terminó de arreglarse y se fue corriendo.

No hizo falta decirle a Víctor qué hacer; con los asuntos de Carlota, él ahora estaba más al pendiente que ella.

Después de dejar a Carlota en el colegio, Víctor pensaba pasar a casa por su equipo para ir a estirar los músculos al sitio de escalada más cercano. Sin embargo, se encontró con Lola haciendo guardia en la puerta de su casa. Al verlo llegar, la secretaria estaba tan enojada y desesperada que no pudo contenerse.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido