Tener un hermano mayor es como tener un padre extra.
Cuando Isabella fue a ver a los hermanos, Samuel se rascaba la cabeza mientras resolvía los ejercicios, casi arrancándose el pelo. Lo que no sabía, no lo sabía, así que no le quedaba más remedio que preguntarle a Lucas.
Lucas, con todo el porte de un hermano mayor, primero le echó un sermón por no poner atención en clase y luego, con paciencia, le explicó los problemas.
Samuel no era tonto; en cuanto Lucas le explicaba, entendía. Al volver a intentar los ejercicios y ver que le salían bien y rápido, se ponía muy contento.
—La felicidad que se obtiene al superarse es superior y más duradera que la que se obtiene en la vagancia.
—Lucas, ¿qué quieres ser de grande?
—Astrofísico.
—¿Astroqué? ¿Sol, luna y estrellas?
—Hay muchas ramas de investigación, pero antes de eso necesito llenar mi cerebro con suficiente conocimiento.
—Oh. —Samuel lo pensó un poco—. Pero yo no tengo ningún ideal.
—Entonces tú hereda el negocio familiar.
—¿Por qué?
—Si me dedico a la investigación, seguro no voy a ganar mucho dinero, así que necesito que tú me mantengas para que mi calidad de vida no baje.
Al escuchar que Lucas también lo necesitaba, Samuel Quintero se golpeó el pecho de inmediato.
—Lucas, no te preocupes, yo te voy a mantener.
—Bien.
—Ya que soy tan bueno contigo, ¿puedo hacer una hoja menos?
—No.
Al escuchar la conversación de sus dos hijos, Isabella sintió ganas de reír y, a la vez, una gran ternura.
Por la noche, la familia de cuatro se durmió temprano, pero poco después de acostarse, se escuchó un grito proveniente del cuarto donde dormía Samuel (la habitación de Lucas).
Isabella, Jairo y Lucas corrieron de inmediato y encontraron a Samuel hecho bolita bajo las sábanas, muerto de miedo.
—¿Qué pasó? —Isabella corrió a abrazarlo.
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...