Martina fingía estar dormida. Cuando Romeo salió de bañarse e hizo el intento de irse a otro cuarto, ella se levantó de inmediato y se lanzó sobre él.
—Puedes besarme, pero hazlo despacio.
Martina señaló la comisura de sus labios, donde aún tenía una herida.
Romeo soltó un suspiro pesado.
—Esta noche mejor lo dejamos pasar.
Pero Martina no lo soltó.
—¿Por qué no me preguntas quién me pegó?
Romeo se quedó mirándola en silencio durante un rato y, enseguida, bajó la cabeza para besarla. Lo hizo con brusquedad, sin tener la menor compasión por los golpes de Martina; incluso, al recostarla en la cama, le apretó las heridas a propósito con las manos.
Entre el dolor que la hacía jadear y el beso que le cortaba la respiración, aquello era una doble tortura. Sin embargo, Martina parecía disfrutarla. Hasta se atrevió a susurrarle al oído:
—En el fondo no te gusta lastimarme, ¿verdad?
Aquellas palabras encendieron la furia de Romeo con éxito, y lo que siguió fue una embestida mucho más salvaje.
Todo pasó muy rápido. En cuanto Romeo terminó, se fue a dormir al cuarto de huéspedes. No le hizo ninguna pregunta sobre los golpes; era evidente que no le interesaba en lo más mínimo.
La cama era inmensa. Acostada ahí, Martina sintió un vacío profundo por primera vez.
En el pasado, Romeo siempre se quejaba de que ella se movía mucho al dormir y lo arrinconaba en la orilla. Incluso, una vez le amarró las manos y los pies con unos trapos nada más para poder descansar a gusto.
Pero ahora que lo pensaba bien, a pesar de sus reclamos, nunca la había dejado sola para irse a dormir a otra habitación.
De pronto, sonó su celular.
Martina lo agarró y vio que era Alicia. Esbozó una ligera sonrisa; estaba segura de que acababa de ver su foto en Instagram.
—¿Dónde estás? —le reclamó Alicia de golpe en cuanto contestó.
Martina fingió un bostezo.
—Adivina.
—¡Eres una descarada! ¿Cómo te atreves a seducir a...?
—¿A quién seduje?
—¡Maldita sea!
—Ándale, dime, ¿a quién seduje?
—¡Te voy a matar, Martina!
Alicia no se atrevía. Sabía que si lo decía, estaría obligada a actuar. ¿Entraría enfurecida para desenmascarar la aventura entre Romeo y su hermana?
Lo más seguro era que a Romeo le daría igual, pero si la familia Quintero se enteraba de un escándalo así, su primera reacción sería cancelar el compromiso. A fin de cuentas, desde el principio no la querían a ella para el matrimonio.
Alicia estaba perfectamente consciente de eso. Por mucho que sintiera la sangre arder de rabia, no se atrevía a cruzar esa puerta.
—¿Qué es lo que quieres?
—¿Y tú qué crees que quiero?
—¡Te devuelvo la casa! ¡Pero te exijo que te largues de Nublario ahora mismo!
—La casa me la vas a devolver de todas formas. Y sobre irme de Nublario... eso dependerá de si se me da la gana o no.
—¿Tienes idea del impacto que esto tendría en Romeo si sale a la luz?
—Ni lo he pensado, ni me interesa pensarlo.
—Estás completamente loca.
—No creo estar más loca que ustedes.
Al final, Alicia no tuvo el valor de entrar. Temiendo que Romeo la descubriera ahí afuera, se marchó a toda prisa.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...