Martina soltó una carcajada al ver cómo Alicia se alejaba corriendo, humillada.
Su venganza apenas había comenzado; lo mejor aún estaba por venir.
A la mañana siguiente, Martina se despertó temprano.
Al bajar las escaleras, vio que Romeo seguía desayunando: solo leche y pan tostado.
—¿Y Noa? —preguntó ella.
Romeo le lanzó una mirada y respondió con indiferencia:
—Tuvo que pedir el día libre.
—Ah, ya.
Martina entró a la cocina, pero solo se sirvió un vaso con agua antes de regresar.
—Ayer usé tu tarjeta de crédito para comprarme una casa.
Romeo siguió comiendo su pan sin mostrar ninguna reacción.
—Mmm... ¿Será que coticé mis encantos demasiado alto?
—¿Cuánto crees que vales? —preguntó Romeo, levantando la vista.
Martina se quedó pensando un instante.
—Unos diez mil pesos la noche.
Romeo asintió con la cabeza.
—Que sean diez mil la noche entonces.
Dicho esto, Romeo se levantó. No tenía el menor interés en seguir con esa plática.
—Me gasté cien millones de pesos en la casa. Si hacemos las cuentas, serían diez mil noches... algo así como veintisiete años. —Martina lo alcanzó apresurando el paso para seguir con su cálculo matemático—: Viéndolo así, creo que me excedí un poco del presupuesto.
Romeo se detuvo y la fulminó con la mirada.
Martina soltó una risa nerviosa.
—¿Qué te parece si mejor te vendo mi vida entera?
Los ojos de Romeo se volvieron fríos como el hielo.
—No me interesas tanto como para eso.
Terminó de hablar, dio media vuelta y se largó.
La sonrisa se le congeló en el rostro a Martina. «No me interesas tanto»... La verdad era que él nunca había sentido un gran interés por ella.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...