El cristal se hizo añicos y voló por todas partes.
Los otros tres retrocedieron asustados. Otilia, en particular, tropezó y se golpeó con fuerza contra la pared.
—¿Cómo hiciste ese diseño? ¿No investigaste el lugar? ¡Poner la entrada del estacionamiento en una calle peatonal! ¿En qué estabas pensando? —le gritó Raúl a Otilia, desahogando su furia.
—¿Por qué te enojas tanto? Isabella solo está buscando pretextos para molestarnos. Si quieres gritarle a alguien, grítale a ella —dijo Diana, sirviéndole un té a Raúl para calmarlo, pero él se lo arrebató y lo tiró al suelo.
—¡Tú…!
Raúl, fuera de sí, empujó a Diana con fuerza.
Gabriel se apresuró a sostenerla y, a cambio, recibió una bofetada de su padre.
—¡Inútiles! ¡Son todos unos inútiles! ¡Les advierto que si perdemos este proyecto del Grupo Domínguez, se largan todos de mi casa!
Que lo llamaran «inútil» fue más humillante para Gabriel que la propia bofetada, pero no podía negar que había fracasado.
—Papá, lo de la entrada no es tan grave. Hablaré con Isabella para que nos ayude a corregirlo y firmemos el contrato.
—¿No viste su actitud esta noche? ¡Está claro que nos está cobrando todas las que le hemos hecho!
—Está enojada, pero no creo que llegue a divorciarse. Si la convenzo con calma, se ablandará.
Diana no quería que su hijo se rebajara.
—¡Nuestra empresa no se va a hundir por un solo proyecto! ¡No tenemos por qué rogarle!
—¿Tú qué sabes? —explotó Raúl de nuevo—. ¡Perdimos una fortuna en el proyecto del Resort Sol Dorado y necesitamos urgentemente recuperarnos! ¡Tenemos que conseguir este proyecto del Grupo Domínguez o la empresa se quedará sin fondos y podríamos ir a la quiebra!
Diana no sabía que la situación de la empresa era tan grave. El pánico comenzó a invadirla.
—Entonces, Gabriel, convéncela. Una vez que firme el contrato, ya ajustaremos cuentas con ella.
—Bella todavía me ama. Todo este drama es porque mencioné el divorcio y se asustó. Además, que ella sea la encargada del proyecto nos beneficia. Podrá decir lo que quiera por enojo, pero no le dará el proyecto a otros —dijo Gabriel, recuperando la confianza.
—¿Creen que ya sepa lo de Gabriel y yo? —preguntó Otilia en voz baja, que no había hablado hasta entonces.
Gabriel la fulminó con la mirada.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...