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La Otra Familia en Sus Publicaciones romance Capítulo 213

El patriarca aún no había dicho nada cuando Raúl se adelantó para dejar claro de qué lado estaba.

Andrés apuntó con el dedo directo al rostro de su hijo y le gritó:

—¡Por una mujer, eres capaz de arruinar tu reputación! ¡Eres un desgraciado!

Raúl, sin cambiar la expresión, contestó:

—Papá, si quieres desquitarte, hazlo conmigo. Pero Elvira no tiene la culpa.

Elvira, parada junto a Raúl, no podía dejar de mirar a todos lados, insegura y nerviosa.

Ya había llegado demasiado lejos; ahora tenía que aprovechar la ocasión y asegurarse de que los Olmedo aceptaran públicamente su relación con Raúl, aunque fuera a la fuerza.

Con esa idea en mente, Elvira respiró hondo y se acercó con paso decidido hacia Ricardo.

—Don Ricardo —empezó, con la voz temblorosa—, aunque me quieran sentenciar, al menos déjenme explicar.

Sin esperar respuesta, se apresuró a aclarar:

—Soy amiga de la señorita Amelia. Esta noche fue ella quien me invitó a la fiesta anual del Grupo Sigma Universal. No sabía que Raúl y su esposa también iban a estar ahí...

Valentina ya no pudo contenerse y explotó:

—¡Descarada! Entraste al cuarto de mi hermano, te pusiste la ropa de mi cuñada y todavía tienes el descaro de justificarte.

Elvira se puso pálida ante los insultos de Valentina, pero tragó saliva y no se atrevió a responderle de mala manera:

—No estoy mintiendo. Mi ropa se ensució y Raúl solo me dejó entrar al cuarto de descanso para que me cambiara. Por eso terminé usando la ropa de la señora Olmedo...

No había terminado de hablar cuando Elisa se plantó frente a Raúl, fulminándolo con la mirada.

—¿Todavía recuerdas que tienes esposa?

Raúl dirigió una mirada complicada hacia Noelia. Con voz firme, respondió:

—Por supuesto que lo recuerdo.

Noelia agachó la cabeza, y en sus labios se dibujó una sonrisa amarga y sarcástica.

—Claro, qué fácil se le da decirlo a estas alturas —pensó, mientras apretaba los puños.

—¡Paf!

Elisa levantó la mano y le dio una bofetada a Raúl, tan fuerte que resonó en toda la sala.

Elvira soltó un jadeo de espanto y, apenas quiso acercarse, Elisa la detuvo con una mirada dura.

—Sabías que estabas casado, pero aun así metiste a una cualquiera a tu cuarto, la dejaste ponerse la ropa de tu esposa… Para ti, ¿qué significa Noelia?

—En ese entonces, yo también le ofrecí a Noelia mil millones para que no se casara contigo. Ella rompió el cheque en mi cara y, aun así, prefirió casarse.

Elvira sintió que la envidia la invadía hasta la médula.

—¿Por qué a mí solo me dieron sesenta millones y a esa mujer mil millones? ¿Qué tiene ella que yo no?

Raúl se quedó mirando fijamente a Noelia, como si el corazón se le desgarrara.

Por fin comprendía: su abuelo también había puesto a prueba a Noelia.

En aquel entonces, la familia Barrios estaba en bancarrota y necesitaban con urgencia ese dinero, pero aun así, Noelia despreció la fortuna y prefirió casarse con él.

Noelia bajó la mirada, evitando el fuego de los ojos de Raúl.

Ahora, más que nunca, se arrepentía de aquella decisión.

Elvira, al notar la mirada insistente de Raúl sobre Noelia, sintió pánico y se aferró al brazo de Raúl.

Llorando, se defendió:

—¡Raúl, tienes que creerme! Ese dinero me lo dio tu abuelo a la fuerza, te lo juro...

En los ojos oscuros de Raúl se adivinaba una lucha interna.

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