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La Otra Familia en Sus Publicaciones romance Capítulo 221

Ante la reacción descontrolada de Raúl, Noelia se esforzó por incorporarse.

—Te juro que estoy bien —pronunció, esforzándose por mantener la voz firme.

El dolor de los latigazos no se comparaba con el que sintió cuando escuchó de los propios labios de Raúl que ya no la amaba. Ni siquiera el ardor en la piel podía igualar el dolor de ver, con sus propios ojos, cómo Raúl la traicionaba y celebraba su “gran reconciliación” con Elvira, todo a través de una pantalla.

Raúl se sentó en la orilla de la cama. Los dos quedaron frente a frente, tan cerca que podían sentir la respiración del otro.

Ahora, Noelia estaba demasiado tranquila, demasiado sumisa.

Esa docilidad le provocaba a Raúl una ansiedad inexplicable, como si algo estuviera a punto de romperse.

Con cautela, Raúl tomó la mano de Noelia.

—Esta noche me equivoqué —admitió—. No debí dejar que Elvira entrara a nuestro cuarto de descanso, ni pedirle que usara tu ropa...

Sin dudarlo, Noelia retiró la mano.

—Si ya puedes compartirlo todo con ella, ¿qué importa una prenda más? Es solo ropa. Que la use, me da igual.

Sus palabras, tan ligeras y directas, pesaron sobre el pecho de Raúl como una losa; le resultaba imposible respirar con normalidad.

Raúl le sujetó la muñeca, mirándola intensamente. Pasó un largo momento antes de que pudiera hablar.

Por fin, con voz baja, intentó explicar:

—Noelia, creas lo que creas, entre Elvira y yo no hay nada de lo que imaginas.

Noelia bajó la mirada, y una risa amarga retumbó en su interior.

No necesitaba imaginar nada; todo el mundo lo había visto con sus propios ojos.

Raúl continuó:

—En la universidad, Elvira me salvó la vida. Luego, ella me buscó durante un año. Viene de una familia sencilla, pero siempre fue honesta y muy ahorrativa, además de buena persona. Después de tanto insistir, acepté andar con ella. Incluso, al graduarme, consideré casarme con ella.

Al ver que Noelia no reaccionaba, Raúl apretó aún más su agarre.

Noelia levantó la vista, buscando los ojos de Raúl.

—Tú sabes que me hiriste, y aun así seguiste. No fue un error, Raúl. Fue tu decisión.

Raúl, incapaz de controlar el temblor de sus manos, la abrazó con fuerza, como si temiera que Noelia pudiera desvanecerse de un momento a otro.

—Noelia, yo solo quiero cuidar de Elvira y su hijo, pero contigo es con quien quiero pasar la vida.

Aun así, Raúl no se atrevió a confesarle que el niño no tenía nada que ver con él.

Noelia apoyó la mejilla contra el pecho de Raúl, escuchando el latido acelerado de su corazón. Por dentro, estaba serena, como si las tormentas se hubieran agotado.

—Raúl, yo no quiero vivir toda la vida en un triángulo. Tres personas en una relación nunca funciona.

Raúl no dijo nada, solo la abrazó aún más fuerte.

Por mucho que ella no quisiera, él no podía dejarla ir.

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