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Después de que la policía se llevara a Erika.
En una de las habitaciones de aquella casa, Lorena y Vanesa descansaban tranquilamente en los sillones, dándole un trago a sus copas de vino tinto de vez en cuando.
En la misma habitación también estaban las dos modelos que le habían tendido la trampa a Erika: Lucía y Julia.
Ambas permanecían de pie frente a la mesa de centro con actitud sumisa.
Las chicas esperaron un buen rato hasta que Lorena, por fin, bajó su copa y sacó dos fajos de billetes de su bolso.
Con aires de grandeza, arrojó el dinero sobre la mesa y dijo con un tono presumido:
—Lucía, Julia... lo hicieron increíble hoy junto a la alberca, de verdad. Su actuación no le pide nada a la de una actriz famosa; es una lástima que solo se dediquen al modelaje. Luego, en cuanto consiga algunos contactos, las meto a algún casting para televisión.
—¡No manches, Lorena! ¿Lo dices en serio? —exclamó Lucía, a quien le brillaban los ojos de la emoción mientras se agachaba para agarrar el dinero.
Siempre supo que juntarse con Lorena le traería beneficios y le permitiría darse la gran vida.
Ese hombre inalcanzable, Valerio, jamás había llevado a ninguna otra mujer a eventos públicos.
La única que había logrado salir con él era Lorena; si se mantenía cerca de ella, en el futuro no le faltarían los lujos ni la buena vida.
—Por supuesto que es en serio. Pero bueno, voy a dejar las cosas claras de una vez.
Lorena se recargó en el asiento y extendió sus delicadas manos frente a ella.
Mientras las giraba con calma para admirar su manicura, siguió hablando con un tono cargado de superioridad.
Al escuchar esto, Lucía cruzó miradas con Julia y, tras verse la una a la otra, ambas asintieron de inmediato.
—No te preocupes, Lorena —aseguró Lucía—. Nos llevaremos a la tumba todo lo que pasó hoy.
—Sí, sí, lo mismo digo —coincidió Julia.

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