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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 123

Aunque Lorena decía eso con una sonrisa de oreja a oreja, en el fondo la carcomía una inquietud que no podía sacudirse.

En los últimos días había intentado de todo para acercarse a Valerio y tener más intimidad con él.

Pero él, ya fuera por su estado de salud o por alguna otra razón, se rehusaba a tener cualquier tipo de contacto físico con ella.

***

Delegación.

Sala de interrogatorios.

El oficial sostuvo los documentos en su mano, levantó la mirada para ver a la mujer que tenía enfrente, y luego le pasó los papeles a su compañero, que estaba al lado del escritorio, dándole una orden:

—Entrégale esto.

Erika, que estaba sentada del otro lado de la mesa, vio el documento que le pasaban, estiró la mano para tomarlo y comenzó a hojear el denso texto con la mente dispersa.

Básicamente decía que Carla, en calidad de testigo, la había señalado como la mente maestra detrás de la venta de secretos corporativos.

A Erika se le escapó una sonrisa amarga y le devolvió los papeles al oficial con calma.

El policía no los aceptó, sino que le advirtió:

—Erika, esto no es nada más para que lo leas. Tienes que firmarlo.

Erika respondió con absoluta serenidad:

—Oficial, no hice nada de lo que dice aquí. Alguien me está inculpando a propósito, aunque por el momento no tengo pruebas para demostrarlo.

El oficial que le había pasado el documento, al oír sus palabras, lo tomó despacio y regresó a su lado del escritorio.

Los dos policías intercambiaron miradas y se acercaron para susurrar entre ellos, de forma que Erika no pudiera escucharlos.

Al poco rato, ambos recogieron los archivos, las libretas y el resto de las cosas sobre la mesa para dirigirse a la salida.

Justo cuando abrieron la puerta, uno de los agentes volteó hacia atrás y le dijo:

—Erika, te vas a quedar aquí hasta nuevo aviso.

Ella asintió de forma rígida y preguntó:

—¿Podrían apagar esa luz tan fuerte, por favor? No me siento bien y el brillo me lastima los ojos; me resulta muy molesto.

—No se puede, ahí te quedas.

Capítulo 123 1

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