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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 129

Pero al llegar, la perilla no cedió; parecía que él había puesto llave por fuera después de entrar.

Justo cuando no sabía qué hacer, un olor familiar inundó su nariz y le provocó un vuelco en el corazón.

No necesitaba voltear para saber que Valerio estaba parado justo detrás de ella.

Al instante siguiente, sintió un tirón y perdió el equilibrio, cayendo hacia atrás.

Para cuando reaccionó, ya había caído en su pecho y el fuerte brazo de él rodeaba su cintura.

Erika intentó zafarse, pero el brazo derecho de Valerio la tenía bien sujeta.

Entonces ocurrió algo que la llenó de pánico: la enorme mano de Valerio se deslizó desde su cintura hasta posarse suavemente sobre su vientre.

Aunque la palma estaba cálida, Erika sintió ese contacto como una amenaza.

—¿Por qué tiemblas? ¿Ya te dio miedo?

La voz de Valerio sonó como si viniera del mismísimo infierno, y su respiración le rozaba el cuello a cada momento.

Habló en un tono muy bajo, pero eso solo hizo que Erika se sintiera más aterrorizada.

¡Era obvio, ya lo sabía! ¡Sabía que los bebés seguían ahí!

¡¿Qué iba a hacer?!

Erika no se atrevía ni a moverse. Aguantó la respiración, intentando por todos los medios controlar los temblores de su cuerpo.

Pero la mano de él seguía ahí, acariciando y recorriendo su vientre.

Erika no podía descifrar qué emoción sentía él en ese momento ni qué intenciones tenía.

Solo tenía pánico de que en cualquier segundo hiciera fuerza para lastimarla...

Se quedaron así, atrapados en una tensión espeluznante.

Quién sabe cuánto tiempo pasó hasta que volvió a escuchar la voz de Valerio. Él le dio unas palmaditas suaves en la barriga y preguntó:

—Ese día en la calle me dijiste que son míos, ¿verdad?

Al escuchar eso, la respiración de Erika se aceleró irremediablemente.

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