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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 130

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Antes, le había cruzado por la cabeza la idea de ir a hacerse la prueba a escondidas.

Quería agarrar los resultados y restregárselos a Valerio en la cara para cerrarle la boca y humillarlo un poco.

Pero luego, como logró salvar a los bebés, ya no quiso buscarse más problemas, y mucho menos seguir involucrada con él.

Y que ahora él saliera con esa pregunta, significaba que ya estaba considerando hacer el estudio.

Erika se imaginó con angustia la escena donde Valerio le arrebataba a sus hijos.

Lo que le daba aún más terror era pensar que la madrastra de sus pobrecitos hijos podría terminar siendo ¡¿Lorena?!

¿Qué pasaría si, tan chiquitos, sufrían los maltratos y abusos de esa mujer, pasándola incluso peor de lo que ella misma la pasó con Penélope Milán en su infancia?

Mientras su mente se llenaba de esas dolorosas imágenes, sintió una fuerte opresión en el pecho y un nudo en la garganta.

No pudo contenerse y añadió:

—Valerio, ahórrate la prueba de paternidad. No hace falta. Además, sé que no me crees, y aunque me creyeras, ni se te ocurra pensar que vas a quitarme a mis hijos. Son míos, y daría mi vida para protegerlos. Tú nunca los vas a querer, ¡así que todo esto no tiene nada que ver contigo!

—¿Cómo que no tiene nada que ver conmigo? ¿Cómo que no los voy a querer?

Apenas ella terminó, Valerio soltó esas preguntas mientras daba unos pasos para plantarse justo frente a ella.

Le lanzó una mirada penetrante y declaró con lentitud:

—Escúchame muy bien, Erika. Si de verdad son míos, no voy a permitir que la sangre de los Ramírez ande regada por ahí. Pero si los resultados dicen que no hay relación, esta vez... me meteré al quirófano a supervisar yo mismo que terminen la cirugía.

Al escuchar eso, Erika sintió un escalofrío en la espalda y hasta le costó respirar.

En cuestión de segundos, lágrimas cristalinas comenzaron a rodar por sus mejillas sin que pudiera evitarlo.

—En esta ciudad, las reglas las dicto yo.

Habló sin prisa, pero con una autoridad absoluta imposible de ignorar, dejando a Erika con una pesada sensación de asfixia.

Era cierto; si de verdad intentaba enfrentarse a él, jamás podría ganarle en ningún aspecto.

Y ni siquiera hacía falta hablar de Valerio; con lo ingenua que era ella...

A Lorena le había bastado con un par de trucos sucios para mandarla a los separos así de fácil.

¿Con quién iba a poder competir Erika?

Le dolía profundamente oír de la propia boca de Valerio que quería arrebatarle a sus hijos. Ya no pudo contener los sollozos en la garganta:

—Valerio, tendrás poder, dinero e influencias, pero ellos jamás te van a querer. Te hagas la prueba o no, me los quites o no, no te van a querer nunca. Porque... no vales la pena. Desde la primera vez que intentaste deshacerte de ellos, perdiste el derecho a que te quieran.

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