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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 131

Esta vez, Erika no gritó ni levantó la voz; sin embargo, en sus palabras era fácil notar su decepción y profunda tristeza.

Dicho esto, se quedó mirando a Valerio con los ojos llorosos, pero en su mirada ya no quedaba rastro de la timidez de antes.

Ahora que el secreto de los niños había salido a la luz, ya no importaba.

A veces, uno le tiene terror a que se descubra un secreto, pero cuando por fin ocurre, resulta que tampoco es el fin del mundo.

Por su parte, Valerio parecía haberse quedado helado ante sus palabras.

La vena de su frente latía con fuerza, y su mirada se volvía cada vez más penetrante.

Como si las emociones que sentía fueran aún más intensas que las de ella...

Se quedaron en un tenso silencio durante un buen rato, hasta que Erika empezó a sentirse exhausta.

Aunque había dormido profundamente, el ajetreo de haber estado en la comandancia desde el día anterior la tenía con el cuerpo molido.

Al ver que Valerio seguía sin moverse y guardaba un mutismo absoluto, ella rompió el silencio:

—Valerio, el tema de los niños llega hasta aquí. Son míos, y los voy a proteger aunque me cueste la vida. Ya que estamos divorciados, lo mejor es que dejemos de involucrarnos el uno con el otro. Te agradezco que pagaras mi fianza para sacarme hoy; en cuanto pueda, te devolveré el favor. Por favor, dile a alguien del personal que me abra la puerta, ya me voy.

Esta vez, Erika habló con total calma y un tono sincero, pero Valerio se mantuvo inmóvil, como si no la hubiera escuchado.

Erika titubeó un segundo antes de pasar por su lado y agarrar la manija de la puerta con ambas manos.

Tiró con fuerza, pero, igual que antes, no cedió.

Empezó a sacudirla sin parar. El ruido metálico resonó por toda la habitación, ahogando la tormenta emocional que ambos llevaban por dentro.

Estuvo forcejeando un buen rato hasta que escuchó la voz de Valerio a sus espaldas:

—La puerta se puede abrir, pero vete olvidando de esa idea de irte.

No lo dijo con coraje, pero su tono dejaba clarísimo que no aceptaría un no por respuesta.

Erika se quedó paralizada, con las manos aún aferradas a la manija.

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