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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 198

La mente de Erika trabajaba a toda máquina, hasta que de pronto recordó haber escuchado que alguien lo mencionó antes.

Esos equipos de alta gama siempre estaban asegurados...

—¡El seguro! —soltó de golpe, como quien encuentra una luz al final del túnel.

Pero Valerio respondió sin darle importancia:

—¿Y qué tiene que ver contigo si el seguro paga o no? Ni se te ocurra intentar huir. Con una deuda de ese tamaño, si te largas, es muy probable que el asunto pase a responsabilidad penal.

Lo dijo como si nada, pero a Erika se le heló la sangre y sintió un sudor frío recorrerle la espalda.

¿A quién más podía culpar? Simplemente había tenido muy mala suerte.

E incluso si no le debiera ese dinero a Valerio, de deberle a cualquier persona, nadie le iba a perdonar una deuda así.

De pie junto a la cama, Valerio la recorrió con la mirada y añadió:

—Los detalles de cómo me vas a pagar los arreglaremos después.

Las manos de Erika apretaban las sábanas con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.

Ya no era capaz de articular una sola frase.

A excepción de sus dos amigos de la infancia y de Ireneo Ramírez, que la adoraba...

Erika sentía que jamás había sido bien tratada. Nadie era bueno con ella y el destino mucho menos.

No solo había sufrido horrores a manos de Penélope Milán, sino que justo a la hora de buscar formar un hogar se topó con un lunático como Valerio.

Tal vez antes había sido demasiado joven, demasiado ingenua, aún inexperta, para haberse enamorado de un hombre como él.

No solo era un engreído con un pésimo carácter, sino que tampoco tenía corazón.

Además, siempre hacía su santa voluntad y todo giraba en torno a él.

Nunca tomaba en cuenta a los demás ni le interesaba lo que sintieran.

Mientras más lo pensaba, más le hervía la sangre. Aun así, hizo un esfuerzo por mantener un rostro sereno y soltó con frialdad:

—Valerio, por mucho que le deba dinero a tu empresa, eso no te da derecho a mantenerme encerrada. No voy a regresar a la mansión contigo, ¡a menos que me lleves a la fuerza!

Valerio esbozó una sonrisa enigmática y respondió brevemente:

—Bien, si eso quieres, llevarte amarrada de vuelta tampoco es imposible.

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