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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 199

Y detrás de Penélope, también estaba parado Joaquín Milán.

Y además... sus supuestos hermanos menores, los mellizos Isabel Milán y Samuel Milán.

—Erika, ¿qué haces ahí parada? ¡Apúrate y dile al guardia que nos abra! —exigía Penélope a todo pulmón.

Erika se limitó a darles un vistazo sin mayor interés, para después darse la vuelta y continuar hacia la casa.

A sus espaldas, los golpazos que Penélope le daba a la reja se hicieron aún más fuertes.

Sofía, que se iba volteando a cada paso, no aguantó las ganas de preguntar:

—Señora, ¿quiénes son esas personas?

Erika no le contestó. Había avanzado a duras penas unos metros cuando el alboroto en la reja cesó de repente.

En su lugar, se escuchó la voz de Penélope llena de inmensa alegría.

Erika notó que algo andaba raro, así que se detuvo y miró hacia atrás de nuevo.

La familia de cuatro estaba amontonada alrededor de Valerio, quien acababa de bajarse del coche.

Pero la mirada de Valerio pasaba por encima de todos ellos y se clavaba directamente en Erika.

Erika frunció levemente el ceño. Salvo ella, Martina y Adrián...

Nadie más estaba enterado aún de que ella no era hija biológica de la familia Milán.

¿Acaso Valerio había mandado a traer a Penélope y al resto de ellos para que vinieran?

Pero pensándolo mejor, resultaba muy poco probable. Incluso si Valerio los considerara la familia de ella...

Ni siquiera en el pasado se había tomado la molestia de agasajarlos con una buena comida como yerno, mucho menos lo haría ahora.

Hace bastante tiempo que estaba harto de ellos, le fastidiaban como una espina enterrada.

Erika los observaba de lejos desde la entrada, pero como estaban a cierta distancia, no lograba escuchar qué era lo que hablaban.

En cuestión de segundos, vio que Valerio le hizo un gesto con la barbilla al guardia.

Enseguida, el gran portón de metal se fue abriendo lentamente.

Penélope y los demás se metieron corriendo, tropezando unos con otros para entrar al patio de la mansión.

—Erika, pues es que apenas acabamos de regresar. Apenas llegamos e inmediatamente nos pusimos a insistirle a nuestros papás para que nos trajeran a verte.

Erika los miró bastante desorientada; desde la cabeza a los pies, los dos seguían portando ropa de las mejores marcas.

Definitivamente, la situación de ellos no parecía estar tan hundida en la miseria como Penélope había llorado tantas veces al ir a buscarla.

Y luego estaba eso que acababa de decir Samuel, ¿de que apenas habían vuelto?

Lanzó un vistazo al fondo y vio que Penélope y Joaquín venían caminando hacia ella codo a codo, franqueando a Valerio por ambos lados.

Erika se apuró a preguntar en voz baja:

—¿Qué no se suponía que habían dejado la escuela para regresarse desde hace tiempo?

Isabel, que venía checando cada rincón de la lujosa mansión, comentó:

—Ay, Erika, yo hubiera estado encantada de salirme de estudiar, pero mi mamá no nos permitía regresar. Estaba hartísima en la escuela, qué hueva me daba todo. Esta vez, fue Valerio el que mandó a alguien a que nos trajeran.

Con eso que dijo, a Erika le brotaron más dudas todavía.

¿Sería que Penélope le estuvo mintiendo y contando tragedias puramente para sacarle dinero?

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