Pensándolo bien, no era algo que Penélope no se atreviera a hacer.
Después de todo, con tal de sacarle dinero a la gente, sus habilidades de actuación no le pedían nada a una actriz premiada.
Erika quería hacerles un par de preguntas más, pero Valerio ya había llegado frente a ellos acompañado de Penélope y Joaquín.
Él caminó directo a Erika sin importarle quién miraba, y con cara de devoción amorosa le pasó un brazo por encima del hombro.
Luego, Valerio le dijo de lo más dulce:
—Hace calor aquí afuera, mi amor. Vamos a la casa.
—¡Ay, sí, sí! ¡Valerio tiene toda la razón! —exclamó Penélope encantada al ver la escena, con una sonrisa de oreja a oreja—. Vamos a pasar.
Erika no movió un solo músculo. Solo esperó hasta que Penélope y todos los demás pusieron un pie dentro de la casa.
En ese instante, se sacudió de un manotazo violento el brazo que él le tenía echado encima.
Valerio soltó un suspiro apenas audible, se metió una mano a la bolsa y la repasó con la mirada.
Erika le cuestionó en un tono gélido:
—¿Ahora a qué juegas trayéndolos aquí? ¿Qué más quieres sacar? Valerio, ¿tú no te cansas?
Valerio le respondió secamente:
—¿No te preocupa quedarte aquí sola mientras ellos hablan de ti a tus espaldas?
—Valerio, ¿tienes mucho tiempo libre en tu empresa? —le echó una mirada fulminante, sin ganas de seguir perdiendo saliva con él.
Cuando intentó meterse a la casa, Valerio de repente le sujetó el brazo.
—No hagas tus berrinches. Si armas un alboroto, la que va a quedar en ridículo vas a ser tú.
Erika se dio la vuelta, soltándose de un tirón y contestando fríamente:
—¿Ah, sí? ¿Y qué me pongo a armar escándalos si me hace un favor? ¡Yo feliz de la vida si Penélope te exprime hasta el último centavo!
Valerio arqueó las cejas y le replicó como si nada:
—A ver, fuiste la señora de la familia Ramírez. ¿Vas a decirme que no te diste cuenta de cuántos ceros tiene el dinero de los Ramírez? Que venga a exprimirme si gusta.
—¡Si tienes tanto maldito dinero, ve a gastarlo en pagarte un psiquiatra! —escupió Erika.
Valerio se le fue acercando despacito y le susurró casi rozándole la oreja con voz grave:

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