Isabel aplaudió, muerta de la emoción:
—¡Guau! Suena padrísimo. El nivel que tenemos en esta casa ya es de sobra. ¿Entonces ahora seré toda una mujer de la alta sociedad?
Al ver a Isabel tan contenta, Erika sintió un poco de resignación, pero aun así le contestó amablemente:
—Más exclusiva que cualquiera. Quédate aquí un rato, ahorita vengo a buscarte.
Después de tranquilizar a Isabel, Erika bajó rápidamente a la cocina.
Fingió acomodar las conservas para ocultar lo que realmente iba a hacer.
En cuanto logró alejar a todos los empleados, sacó rápidamente el celular que estaba escondido en el doble fondo y se lo guardó en la bolsa del pantalón.
Luego, regresó a su habitación con total naturalidad.
Tras ponerle seguro a la puerta, Erika encendió el celular a toda prisa y lo puso en silencio.
Sin perder un segundo más, marcó el número de Martina.
Gracias a Dios, la llamada sí logró enlazarse y Martina contestó.
—Marti... —La voz de Erika se quebró al instante, cargada de miedo y alivio al mismo tiempo.
En esa sola palabra se le salió todo el dolor que llevaba acumulado.
Por miedo a que alguien pasara por afuera y la escuchara, se metió directamente en el clóset.
—¡¡Eri!! ¡¿Eri, dónde estás?! —La voz de Martina resonó llena de sorpresa al otro lado de la línea. Estaba gritando.
Erika, apenas acomodándose dentro del clóset, agarró bien el teléfono y murmuró:
—Marti... no te alteres, primero escúchame.
Al notar que Erika hablaba con tanto cuidado, Martina se calló de inmediato.
—Está bien, dime.
Erika pegó la oreja a la puerta del clóset. Al no escuchar ruidos afuera, se armó de valor y le contó:
—Después de sacarme de los separos, Valerio me limpió los antecedentes. Luego, se dio cuenta de que aún no perdía a los bebés. Me obligó a hacerme una prueba de paternidad y, no sé por qué, el resultado decía que los niños no eran suyos...
Martina volvió a pegar un grito desde el otro lado, pero Erika no se detuvo a tranquilizarla y continuó:
—Además, no sé de dónde sacó unas fotos de una pareja en la cama, y la mujer de las fotos es igualita a mí. Con esas pruebas, Valerio enfureció. Ahora está convencido de que le fui infiel en el matrimonio y de que los niños no son de él.
La información golpeó a Martina con tanta fuerza que se quedó completamente enmudecida.
Erika decidió omitir la parte en la que Valerio casi la obliga a someterse a la cirugía; el solo hecho de recordarlo le parecía atroz, y no quería compartirle ese trauma a su amiga.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón